EUROPA PRESS VALENCIA
El director de cine Vicente Aranda se define como un "contrabandista de ideas" que pretende que la gente que asiste a las salas de cine "se lleve algo y salga más lista" después de ver sus películas. No está sujeto a ningún público, pero tampoco se olvida de él, asegura: "Lo que quiero es que se sienten en la silla".
Aranda presentó ayer en Valencia su última película, Luna caliente, junto a las actrices Thaïs Blume, Carla Sánchez y Empar Ferrer. El filme, que llega hoy a las pantallas, aborda la historia de Juan (Eduard Fernández) un poeta que trabaja en la Unesco en París y regresa a Burgos a pasar unas vacaciones. Un viejo amigo (Emilio Gutiérrez Caba) le invita a cenar en su casa y allí conocerá a su hija Ramona (Blume), una sensual joven, que le hará brotar sus instintos más básicos. La cinta está ambientada en el año 1970, en pleno proceso de Burgos.
El director -uno de los 300 intelectuales encerrados en el Monasterio de Montserrat a finales del régimen franquista para protestar contra la pena capital- subraya lo "difícil" que es conseguir "atornillar" al público como hacía Alfred Hitchcock.
Luna caliente está basada en la novela homónima de Mempo Giardinelli. Para el director, el cine es como una síntesis, mientras que en las novelas hay "paja a montones". Peor opina de las series de televisión españolas, en las que se produce un "bucle cada diez minutos en el que siempre pasa lo mismo". Los guionistas "no son imaginativos", dice.
el realizador asegura que los personajes, no sólo los de este filme sino todos en general, "son complicados", a lo que añadió que, como director, él se sitúa detrás de la cámara con el fin de "ayudar a los actores, que son frágiles, para que no se deshagan". "Yo digo muy poco, que piensen como el personaje y ya captaré lo que piensan", asevera.
Sobre el sentido de su último filme, prefiere dejarlo en manos del espectador, que es capaz "de interpretar la película de una forma diferente" a como él la concibe. Aranda ensalza la actitud de la protagonista del filme, Ramona, una joven que es violada y a la que describe como "una mujer muy valiente porque se enfrenta contra su agresor".
Vicente Aranda dejó algún comentario ayer sobre uno de sus trabajos más polémicos, Tirante el Blanco, la adaptación de la famosa novela de Joanot Martorell, en cuya promoción la Generalitat invirtió 360.000 euros. La película, que costó casi 14 millones, sólo recaudó 1,5 millones en taquilla. "El desconocimiento de la novela es la maldición que tiene y se la ha transmitido a la película", argumenta el director.