ALFONS GARCIA VALENCIA
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¿Representar un texto que ha hecho gente tan conocida como Morgan Freeman o Jack Nicholson en el cine supone un obstáculo o un reto?
Es sólo la apuesta que uno hace, pero no tengo en cuenta si han hecho otros el papel. Ellos lo hicieron bastante después de que nosotros tuviéramos conocimiento de esta función. No me afecta en absoluto que lo hayan hecho otros mejor o peor. Yo hago lo que me proponen con la misma satisfacción, empeño y compromiso. Afortunadamente nos va bien, porque le estoy hablando de 320 representaciones, hace más de dos años que venimos haciéndo esta obra (un año en Buenos Aires y otro aquí), tenemos seis meses más y vamos a llegar casi a las 400.
¿El teatro es su preferencia profesional?
Para un actor siempre es mucho más conveniente el teatro, porque te da otras posibilidades. El cine te da trascendencia, dinero, te hace viajar, cosas sumamente respetables y que a mí me han favorecido mucho, pero el teatro te da la posibilidad de una relación inmediata con el público, te posibilita mejorar tu trabajo a la noche siguiente. Así que el teatro me enriquece físicamente, me siento más ágil y joven, me revitaliza. El cine y la televisión te dan otras cosas.
Muchos actores están apostando últimamente -será la crisis- por la televisión. ¿A usted no le llaman o no le interesa?
No me llaman. Estamos en una situación muy particular, tanto en nuestra profesión como en otras, y yo me siento un privilegiado por hacer teatro y que la gente venga a verme. Tengo tantos compañeros que no tienen esto que, para mí, que todo continúe así ya es un privilegio. Ya vendrán, como han venido otras veces, propuestas de cine o de televisión.
¿Esta difícil situación de España es comparable con la que vivió Argentina hace unos pocos años?
Tiene ciertas similitudes, pero entonces parecía que aquello del corralito era sólo de Argentina y esta crisis, en cambio, la padece todo el mundo. Eso la hace más inquietante. Si hay una relación es que aquello se concentró en un país y esto es de todo el mundo.
Estamos en el tiempo de los Goya y los Oscar, usted que se ha visto en estas capillas en alguna ocasión, ¿qué postura adopta ante los premios?
No me inquietan ni me movilizan. Los respeto, porque tienen una trascendencia que a algunos los ilusiona, pero yo no me vuelvo loco por ellos. Simplemente los respeto.
Revele el secreto para estar vigoroso en el escenario noche tras noche y de ciudad en ciudad...
El secreto es el respeto por ese señor anónimo que dispone de su tiempo y su dinero para sentarse en una butaca. Es un verdadero milagro y tengo la conciencia absoluta de que ese señor está ahí todas las noches. Mientras tenga esa conciencia yo tengo que hacer un estreno y ofrecerle lo mejor. Eso es lo que me moviliza, me mantiene y provoca la fiesta del trabajo. Con eso, lo demás no importa.