A. VALDÉS/A. PARDO ALICANTE
"Ayer mismo estuve yo en esa librería. Fui a comprarle a mi hija un libro de poemas de Miguel Hernández, que se lo piden este año en el instituto". La frase de este taxista alicantino de mediana edad resume cuál es la relación más común de los alicantinos con su paisano Miguel Hernández cuando se cumplen 100 años de su nacimiento. En la mayor parte de la provincia, el centenario del poeta se ve todavía como una especie de fiesta privada para políticos, literatos y familiares de un alicantino ilustre que casi todos conocen pero que pocos han leído en profundidad, con la excepción del fervor desatado en su pueblo natal, Orihuela.
Sin embargo, en la ciudad donde murió el escritor, Alicante, no hay ninguna librería que tenga todo el material bibliográfico sobre él que está previsto editar en 2010. "Aún es pronto para medir el impacto de la efeméride en ventas. Falta por llegar alrededor del 70% de las obras sobre él", apunta Ignacio Suárez, jefe del departamento de Librería de El Corte Inglés de Alicante.
Pero la opinión mayoritaria de los libreros del resto de la provincia es que ha aumentado el interés sobre la vida y obra del alicantino, aunque el impacto en las ventas es, todavía, "discreto". "Los que preguntan por Miguel Hernández suelen ser padres que buscan alguna antología para sus hijos, pero son más los abuelos que quieren un álbum ilustrado sobre Miguel Hernández para sus nietos", explica Teresa Carbajo, encargada de la tienda alicantina de la cadena Casa del Libro.
Las compilaciones de poesías es lo más sencillo de encontrar como obra de Miguel Hernández en las librerías de la capital, pero son muy pocas las que pueden ofrecer ejemplares de cada una de sus obras a sus clientes sin tener que pedirlos por correo.
Sin embargo, y aunque promete levantar ampollas, El oficio de poeta de Miguel Hernández del profesor Eutimio Martín, puede ser una de las biografías más demandas del Centenario. Poco ortodoxa, presenta a un Miguel Hernández más humano y menos humilde que el conocido. Quizá el acicate necesario para que el lector indiferente se implique con este Año Hernandiano que no termina de empezar.