Eldbjørg Hemsing (violín) y Camerata de Oslo. Director-concertino: Stephan Barratt-Due. Obras de C. Ph. E. Bach, J. S. Bach, Grieg, Åm, Sibelius y Kilar. Sociedad Filarmónica de Valencia. 8 de marzo.
Este concierto revivió la grata experiencia que hace cuatro años disfrutamos los socios de la Filarmónica con los dieciséis instrumentistas de cuerdas de la Camerata de Oslo y su titular Stephan Barratt-Due. Como entonces, el punto de interés constante fue la alta calidad de todas las ejecuciones.
Tras una sinfonía de Carl Philipp Emanuel Bach que, como siempre ocurre con este compositor, hace lamentar lo poco que se lo programa, el Concierto BWV 1042 de su padre Eldbjørg Hemsing (Valdres, 1990) lo protagonizó con técnica impecable y una singularidad interpretativa increíble en una artista tan joven. Dígase igual de la propina: una Zarabanda de la Segunda partita aún mejor que las de los dos ilustres colegas, Janine Jansen y Guy Braunstein, que en el último mes han recurrido a esa página con el mismo fin sobre el mismo estrado.
Las Dos melodías elegíacas de Grieg ya oídas en 2006 pero quizá ahora traducidas con más primor dieron paso a tres obras que, como mínimo, gustó conocer. El Estudio sobre un himno noruego, de Magnar Åm (Trondheim, 1952), traído al Palau por Mariss Jansons en 1994, es en verdad un estudio de las posibilidades expresivas y dinámicas de la escritura para cuerdas a partir de un corto motivo permanente, sin desarrollo y que se oye con más placer que emoción desde su arranque a cargo de dos violines y una viola.
Rakastava (El amante) es un tríptico compuesto por Sibelius en 1911 sobre versiones anteriores que remitían a poemas del folclore finés. Su vena lírica en la estela de Grieg se puso muy adecuadamente de relieve.
Finalmente, del polaco Wokcieh Kilar (1932), muy conocido como autor de bandas sonoras, se ofreció Orawa, breve página minimalista a lo Philip Glass. Con el ostinato como constante, lo más atractivo es su toccata central.
El Vals de la Serenata de Chaikovski y el Preludio de la Suite Holberg de Grieg pusieron las guindas a un concierto muy justamente aplaudido con fuerza y unanimidad aunque por pocas manos.