MERCEDES ÁLVAREZ PARÍS/EFE
Corría el final del invierno de 1960 cuando un joven cineasta llamado Jean-Luc Godard estrenaba en París su ópera prima, À bout de souffle, cinta de la Nouvelle Vague que a sus 50 años permanece como icono por excelencia de la modernidad.
Sus diálogos irreverentes y misteriosos, intelectuales a la vez que vulgares, así como un montaje tan incoherente como lógico, compuesto por enfoques osados y poco habituales, configuran una obra a la que no hace mella el medio siglo.
À bout de souffle (Al final de la escapada) se estrenó el 16 de marzo de 1960 y permaneció siete semanas en cartel, tiempo durante el que se acercó a las 260.000 entradas.
El director, que ahora tiene 79 años, aseguró en a los pocos días del estreno que, en un principio, él quería respetar las normas de las películas policíacas pero que renunció "por pereza". El filme costó 50 millones de francos, una cifra reducida.