B. J. VALENCIA
Su obra "Oscura monótona sangre" le ha valido el V Premio Tusquets Editores de Novela. Un tribunal de altura -Juan Marsé, Almudena Grandes, Jorge Edwards, Elmer Mendoza y Beatriz Moura- le ha dado las alas para despegar en el reconocimiento de la literatura internacional.
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Ha recibido el V Premio Tusquets. Supongo que estará más que satisfecho.
Sí. Es un premio importante por varias razones. Tanto porque tiene un jurado de primera línea que hace que sea un halago recibirlo y porque te da un despegue nacional e internacional que de otra manera es difícil alcanzar.
¿Cuál es el germen de "Oscura monótona sangre"?
Todo empezó por un episodio pequeño que está en la novela y que es la historia de un hombre que escapa de un peligro, de unas personas en un lugar donde hay clases sociales distintas. También, quería mostrar ciertas obsesiones que yo tenía sobre la inseguridad en mi país, Argentina, quería revertir el signo que generalmente siempre relaciona la pobreza con la delincuencia y la criminalidad. Mi intención era que el responsable de los desastres que van ocurriendo en la novela fuera precisamente un señor respetable socialmente.
¿Qué nexo de unión puede haber entre los protagonistas, un hombre maduro y una prostituta adolescente?
Ambos son supervivientes de su destino. De él se espera que sea un obrero toda la vida y acaba siendo un burgués con dinero. De ella, que muera joven.
¿Llega a surgir el amor entre ambos?
A mí hablar del amor me resulta difícil porque todo es mucho más complejo. Creo que hay un reconocimiento de la soledad del otro. Si no es amor es algo razonablemente parecido.
¿Puede llegar a sentirse identificado con alguno de los personajes?
Por lo general mis personajes, son un poco mi alter ego, aunque este no es el caso. Es más, quería trabajar con un personaje con el que no me identificara.
En la obra hay sexo, antihéroes, asesinatos... Mucho ingrediente cinematográfico...
¡Me encantaría un película sobre ella! Mis influencias no son sólo literarias sino también cinematográficas. He trabajado con la estructura de un filme clásica, salvo que el clímax está al final. No he permitido que el lector se relaje, quería que se quedara angustiado y sintiera el desamparo de los personajes.