I. BULLAGAL/A. G. VIGO/VALENCIA
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Prisciliano (340, aproximadamente - Tréveris, Alemania, 385) ha pasado a la historia por ser el primer hereje ajusticiado por la autoridad civil a instancias de la Iglesia Católica. No era lo que hoy se diría un cristiano de base, sino un obispo con un buen número de seguidores para sus ideas. El priscilianismo es como se conoce esta tendencia, que perduró dos siglos y que se caracterizaba por permitir las mujeres teólogos y por su ascetismo, opuesto a la opulencia de la jerarquía católica. Como Prisciliano parece ser que era de origen gallego, ha resistido durante años una teoría que dice que los huesos que se veneran en Galicia de Santiago serían en realidad del obispo hereje, trasladados allí por sus seguidores desde Tréveris (en la actual Renania alemana), donde fue ajusticiado.
El teólogo Victorino Pérez Prieto (León, 1954), que acaba de publicar Prisciliano na cultura galega, no cree que el prelado sea el que está enterrado en la tumba del apóstol. "Es improbable que sea la tumba de Santiago -dice-, pero es imposible que sea la de Prisciliano". Su argumento es que el culto jacobeo es del siglo VIII y el dedicado al obispo mártir y sus acólitos es 400 años anterior.
El teólogo sí que sostiene que el actual Camino de Santiago sigue la misma ruta que siguieron los discípulos de Prisciliano.
El interés de Pérez Prieto por este prelado de los primeros siglos del catolicismo no es casual. El teólogo está casado y, por eso y sus posiciones contrarias a la jerarquía y al Vaticano, pesa sobre él una prohibición de celebrar misa. Él continúa haciéndolo, porque un cura "lo es para siempre" y "hay que saber interpretar las afirmaciones episcopales". "Estoy casado, no secularizado", defiende.
Pérez Prieto reivindica el legado de Prisciliano, porque "durante siglos se le tachó de hereje y hoy está rehabilitado". Lo que quería, explica, era una Iglesia más próxima al Evangelio. La de hoy, dice, "tiene una mentalidad conservadora, autoritaria y jerárquica", aunque ya no corta cabezas.