ALFONS GARCIA
Vicent Todolí (Palmera, Valencia, 1958) dirige uno de los centros mundiales del arte contemporáneo durante los últimos siete años. Ahora, acaba de anunciar que dejará el puesto el próximo verano. Cuenta su historia profesional en ciclos de siete años y el de la Tate Modern de Londres, dice, ya lo ha cumplido.
Todolí es un producto del bullicioso Nueva York de los años ochenta y del primer IVAM, el que abría caminos en el arte contemporáneo español.
Le gusta contar que se aburría en las clases y no aguantaba una completa, pero lo cierto es que se licenció en Historia del Arte en la Universitat de València y que su expediente fue lo suficientemente bueno como parta cursar estudios de postgrado en Yale (EE UU) con una beca Fulbright, aquellas creadas tras la II Guerra Mundial para favorecer el intercambio de ciudadanos estadounidenses y la tolerancia.
Vino después Nueva York, donde se graduó en Arte Moderno y empezó a trabajar en el Whitney Museum, un espacio emblemático y muy conocido por sus pinturas de Hopper.
Era el Nueva York de los primeros años ochenta, el de antes de los tiempos del sida y Todolí siempre le ha dado un valor especial en su formación y su carrera. Un «descubrimiento» y una «experiencia iluminadora» ha dicho en alguna ocasión de esta etapa.
Y de la capital del mundo (artístico, al menos) a Valencia, donde Carmen Alborch lo reclutó para los apasionantes comienzos del Institut Valencià d´Art Modern (IVAM) que ella dirigía entonces. Fueron tiempos de escasez de presupuestos e ilusión, pues en el pobre panorama museístico español del arte contemporáneo, el IVAM —con Todolí de director de exposiciones— fue la primera pica plantada desde la nueva realidad de las autonomías.
En aquella etapa, por destacar un caso, Todolí puso en valor la obra de Juan Muñoz (tuvo una muestra en 1992), consagrado en 2008 por la propia Tate Modern y en 2009 por el Museo Reina Sofía de Madrid.
Tras el cambio de gobierno en la Comunitat Valenciana (1995), al historiador le tocó salir del IVAM por la puerta de atrás. Paradójicamente, sería el despegue de su carrera internacional. De Valencia se fue hasta Oporto (Portugal) en 1996 para hacerse cargo de la Fundación Serralves, el primer museo de arte contemporáneo del país vecino. Y en 2003 —el nombramiento se hizo unos meses antes— dio el salto a la Tate Modern, uno de los centros de arte más visitados del mundo (más de cinco millones el último año) y un icono turístico por su edificio en la vieja estación de electricidad Bankside. ¿Qué vendrá después de Londres? Él no suelta prenda, por ahora, aunque asegura que España, no. ¿Será Estados Unidos?