ALFONS GARCIA VALENCIA
Las tanagras fueron un fenómeno social a finales del siglo XIX. No había burgués francés o británico que se preciara que no deseara una para la repisa de la chimenea de su casa. El Museo del Louvre fue el primero (en 1872) en adquirir estas pequeñas piezas de terracota, que representan la vida cotidiana de la Grecia clásica. Un total de 210 estatuillas de la colección del museo francés se exhiben desde ayer en el Centro Cultural Bancaja de Valencia.
Esta es la primera vez que estas figuras se ven en España. Algunas de ellas ni siquiera se han visto en la propia institución parisina, ya que son adquisiciones recientes, dijo ayer el vicepresidente de la Fundación Bancaja, Vicente Montesinos. La muestra es fruto del convenio firmado hace un año por Bancaja con el Louvre -la dotación económica del mismo no se ha hecho pública- y consolida la buena relación entre ambas entidades, abierta en 2008 con la exposición Tres imperios del Islam. Aunque el acuerdo se circunscribe al proyecto sobre las tanagras, la pretensión es que tenga continuidad en el futuro. El administrador general del Louvre, Hervé Barbaret, catalogó ayer a la entidad valenciana de "socio de confianza" y subrayó el interés del museo por exhibirse en otros países como un símbolo de "democratización cultural". La muestra Tanagras. Figuras para la vida y la eternidad se vio en concreto en la emblemática institución parisina en 2003 y un año después en Montreal, aunque se ha rediseñado para Valencia.
Con las tanagras se podría hacer el chiste de los nombres falsos, porque no se sabe el nombre real de estas piezas y el de tanagras hace referencia al lugar donde se descubrieron (Tanagra, la actual Bratsi), aunque empezaron a producirse antes en Atenas, en el siglo IV a. C..
Fue a finales de la década de 1860 cuando unos campesinos de la citada zona descubren viejas tumbas y las primeras figuritas helenísticas. Prueba del fervor comercial que levantaron desde el principio es que en 1873 se calcula que se habían abierto de 8.000 a 10.000 enterramientos y que en la mitad de ellos (tanto en el exterior como en el interior) había estatuillas.
Su aspecto familiar y cotidiano, alejado de la grandiosidad de los monumentos de la Grecia Antigua, se ajustó como un guante a los nuevos gustos burgueses. La mayoría de las tanagras representan a mujeres jóvenes drapeadas, aunque también niños. Si todo el arte griego se centra en la belleza, el equilibrio y las proporciones, estas piezas son "una versión reducida" y "modesta" (por su material) de estas inquietudes estéticas, señaló la comisaria de la muestra, Violaine Jeammet, quien las calificó de "fundamentales" en la cultura helénica.