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enudo disgusto que me acaba de dar un Banco, una Entidad Bancaria, una Caja o como quiera que en mayúscula se llamen ahora esas instituciones que nos prestan dinero -en el muy dudoso caso de que tal hagan- a estratosférico interés y nos dan una birria por el que nosotros les confiamos. No me tomen por un vicioso, pero acabo de consumir entero un larguísimo "anuncio de convocatoria" de una de esas sociedades y se me ha ido la color idiomática.
El asunto ya pinta mal desde su enunciado. Si hago saber que cito o llamo a algunas personas para que concurran a un acto ("anuncio de convocatoria"), soy un exhibicionista que no sólo convoca sino que anuncia que convoca. Pasemos por ello, no obstante, aunque a fe que sigue mal la cosa. Uno no pide que el lenguaje administrativo sea un canto a la estación florida. Bastaría, por ejemplo, con que no rimase ("aprobación de la gestión y de la liquidación", "contabilización de la fusión") o con que huyese de tenebrosas sugerencias, como "su eventual impacto de género en los órganos de administración" (qué peligro, Dios santo, un impacto que es eventual y de género y afecta a los órganos: menudo impacto) o como "estado de flujos de efectivo" (lo que, francamente, me suena a cochinada). Pero nada sería lo dicho si no me estuviesen aguardando los puntos del Orden del Día. Ahí iban, tan majos ellos: primero, segundo, tercero, cuarto... y continuaban así de airosos hasta el décimo. Porque, a partir del mismo, el señor redactor del texto no supo seguir el orden y escribió: onceavo, doceavo, treceavo, catorceavo... O sea que don Banco, doña Entidad Bancaria o la señora Caja no tienen quien les escriba bien (contrátenme a mí: sueldo a convenir).
Leamos en el Diccionario Panhispánico de Dudas el significado de "undécimo": "Que sigue inmediatamente en orden al décimo". Bien. Añade que es la forma etimológica preferida, aunque también valgan "decimoprimero" y, amplío yo, "onceno", muy en desuso. Bien. Precisa, además, que puede funcionar como numeral fraccionario, es decir, con el sentido de "onceavo". Pero deja muy claro que la cosa va en una sola dirección: "Esto no significa que el fraccionario onceavo pueda, a la inversa, funcionar como un ordinal: no debe decirse, pues, "el onceavo piso, sino el undécimo piso". No debe decirse, pues, el onceavo punto del Orden del Día, ni el dieciochoavo, por favor, que en ustedes confiamos nuestros ahorros, no me sean tan analfabetos.
Se caerían ustedes de espaldas si les desvelase quién firma el escrito, un hombre que, cuando se dedicaba a la política, no cesaba de echar mieles por su boca a favor del castellano, paladín que era de su correcto uso. Pero abandonen toda esperanza de que lo declare: si debo en un futuro mendigar un préstamo a la undécima oficina de ese Banco, a esa Entidad Bancaria, a esa Caja, no querría que me lo dejasen reducido a la onceava parte por culpa de estas líneas tan desoladas.