B. J. VALENCIA
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¿Qué va a encontrar el lector en su última obra Relato de un hombre inmaduro?.
Pues espero que el público encuentre un libro que le apasione, tal y como a mí me han apasionado las lecturas de Juan Carlos Onetti o Juan Rulfo.
El protagonista es un hombre de 65 años a punto de morir. ¿Dónde está la inmadurez?
A pesar de los 65 años del personaje que centra la historia, éste no ha aprendido, no ha sido coherente en la vida.
¿Puede verse el lector identificado en el persona?
Allá cada uno con quién se siente identificado, pero creo que sí. Lo cierto es que cada uno ha de ser coherente ideológicamente.
Muerte con una pizca de humor. ¿Hasta en los momentos más trágicos hay que buscar cierta dosis humorística?
Sin humor no somos nada. El humor es una via de conocimiento fundamental, nos ofrece una perspectiva ciertamente iluminadora. La vida en sí ya es muy trágica como para no darle un toque de humor. En realidad, todos somos un poco tragicómicos.
¿Cómo calificaría la situación actual de la literatura, teniendo en cuenta el éxito de los best sellers actuales?
La literatura de calidad y el lector paciente están desapareciendo. Se impone una literatura de entretenimiento en el sentido más vulgar del concepto. Se relegan las lecturas a autores como William Faulker, por ejemplo.
Hay cierto pesimismo en sus palabras...
El problema es que esa literatura en lugar de ser un lugar de paso para algo más se ha convertido en el final de la carrera para muchos lectores. Habría que hacer hincapié sobre la literatura tanto en la escuela como en la familia.
¿Qué opinión le merece el libro electrónico?
Creo que le queda un gran trecho por recorrer y sentar bases legales y control técnico. No obstante, soy un nostálgico del papel.