El desarrollo del café-teatro es uno de los fenómenos escénicos más interesantes de los últimos años. JUJA, esto es, Juan Andrés González y Jano de Miguel, es un dueto que ha destacado, sobremanera, en este nuevo paisaje. Su creación tuvo lugar en el año 2000, cuando estos dos actores decidieron unir su ingenio, sus vidas artísticas y, sobre todo, sus respectivas vises cómicas. Desde su primera mueca, han ido acumulando una legión de espectadores. Había chispa risible. Y tanto.
Ahora, con este espectáculo, han dado un paso de gigante hacía los escenarios, rodeándose de un mayor acabado estético en todos los aspectos. Sin perder sus constantes. La idea inicial es sugerente, germina de Dario Fo, de una concepción de risa contra todo fanatismo, y la consideración, en la escala de la evolución humana, del Homo Ridens como el más difícil de someter y embaucar.
Por ahí anda el objetivo (logrado) de este afinado espectáculo, cuyo motor, a varios tiempos, está formado por una serie de ingeniosos sketchs. Desde la disparatada y coherente conversación de micrófonos, hasta un musical sobre 23 F, con Tejero incluido, cantando por soleares (divertidos tricornios); desde las orejas de Arias Navarro, a la voz del Rey con cuerpo de roquero. Los dos actores muestran una notable versatilidad, y quilates de simpatía, mordacidad y, sobre todo, como ellos mismos subrayan, cachondeo. He ahí la clave.
Creo que todavía se podría pulir algunos diálogos, y no ir tan directos a los efectos, o perfilar más unos personajes para que sean éstos los que se introduzcan en las diversas historias; pero eso se lo dejamos al futuro, porque el presente ya hay mucho camino hecho, y estallidos de risa. Y una señal inequívoca de que estamos ante buenos cómicos es que no se parecen a nadie y parecen venir de un planeta inexplorado. Dominan la escena, poseen timing matemático y compenetración casi alquímica. En fin, un espectáculo fresco, del día, que llega bien a los jugos gástricos. A todo ritmo.