PORTADA

Una obra maestra

David Fincher desmonta con "La red social" un mito estadounidense

 

EDUARDO GALÁN OVIEDO
En 1857, el político y orador Frederick Douglass escribía: Los self-made men (hombres hechos a sí mismos) [?] son los hombres que deben poco o nada a su lugar de nacimiento, sus relaciones, sus amistades; ni a herencias o medios para educarse.
Cuarenta años después, Edwin Arlington Robinson publicó el poema Richard Cory, en el que se (de)mostraba la madurez del arquetipo de Douglass. Aún en su vida de riquezas, su Richard Cory, su self made man, acababa pegándose un tiro en la cabeza. Lo que ocurre entre el niño que albergaba ilusiones de gachas y harina y el triunfador que otorga indulgencias al botones centra una de las temáticas predilectas del cine norteamericano. Ahí convive la ficción de Charles Forster Kane, contrachapada al magnate William Randolph Hearst, con otras limítrofes como el minero Daniel Plainview que Daniel Day Lewis ejecutó con talento desbordado en la magistral Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007).
Parecía extraño que David Fincher, un explorador de los vacíos flexibles del éxito posmoderno en El club de la lucha, no se hubiese entrometido todavía en uno de los referentes del american dream para, con su saña habitual, desmontarlo. Pero parecía más extraña su asociación con el guionista Aaron Sorkin (El ala oeste de la Casa Blanca) al empantanarse juntos en este cometido a través del "posadolescente" Mark Zuckerberg, el fundador (¿solo o en compañía de otros?) de Facebook.
Poco importa el concepto Facebook en La red social si no es con la intención de dibujar los claros (su visión, su ambición, su inteligencia "entusiasmal") del protagonista. Como hiciera Welles con su ciudadano K., construye Fincher la historia de este self made man mediante un puzle rocoso, literario, desafiante, que se nutre de flashbacks con el objetivo de plantear(nos) e intuir(nos), no concluir(nos), los vericuetos del sórdido ascenso de este chaval de veintipocos años a la cima.
El personaje que Sorkin le ha regalado a Jesse Eisenberg cimienta a un icono neonato del cine norteamericano, aunque, paradójicamente, éste no tenga nada de nuevo. En su hierática condición de observante y conspirador, el Zuckerberg de Fincher dedica el metraje a estructurar líneas de código que canibalizan a todo aquel que no ejecute su lógica de comandos, a todo aquel que se deje llevar por las contingencias imbéciles (amistad, sexo, confianza) del ser humano.
Es La red social el gran intento de Fincher de derribar una ilusión esencial, en este caso la del mito fundacional estadounidense del "hombre hecho a sí mismo" que propagaron Douglass y alrededores. Según el político del XIX, la meta que explicaba el éxito de estos humanos era la consecución de los retos diarios, honestos, que el propio triunfador planeaba, imagen literaria nos toca, justo al erguirse de la cama. Desde la primera (y, en su contención verborreica, extraordinaria) escena, el Rosebud de Zuckerberg es, mimetizando al trineo de Kane, un algo tangible, inmerso en la vida; por consiguiente, un algo alejado de cualquier motivación metafísica; a quien ansía impresionar el chaval es a una moza que le dijo "no".
A lo largo del filme, y quizás en el único atisbo de la humanidad titubeante del protagonista (ni siquiera se nos esboza su familia), todo (Facebook, el dinero, el éxito, las fiestas) remite a esa chica que no aceptó compartir, daños colaterales de la realidad, los algoritmos de la existencia del futuro magnate.
Con La red social y su actualización inquietante y desoladora del arquetipo del "hombre hecho a sí mismo", David Fincher rueda la cuarta obra maestra de su filmografía (añadiéndose a El club de la lucha, Zodiac y El curioso caso de Benjamin Button). Nunca se ha coronado a un self made man, a ese "new" Zuckerberg del epílogo, de forma tan comprimida, tan amarga, como con la de esa sentencia terrible ("piensa en ellos como en una multa de tráfico"), compuesta por unas palabras que engloban antiguas amistades y convivencias, significada por un epitafio que entierra definitivamente un pretérito.
Aun concluyendo que su red social jamás hubiese cuajado si su impulsor no hubiese conspirado para eliminar "lastres", Fincher cierra su mirada al creador de Facebook con el irónico y revelador "Chico, ya eres rico" de los "Beatles": "¿Qué se siente al pertenecer a la gente guapa?/ ahora que sabes quién eres/ ¿quién quieres llegar a ser?"
Fuera de la sala; bombardeando la cabeza de referencias (esto provocan las chicas guapas y las obras maestras); clicando el Zuckerberg de Fincher en bucle, casi un lamento 2.0., una petición de amistad en Facebook; uno recuerda al genial Randy Newman cuando cantaba eso de "joder, vaya si se está solo en la cima".

  HEMEROTECA
SALT, traductor Castellano / Valenciano

SALT, traductor Castellano / Valenciano

SALT es un traductor que permite pasar los textos del castellano al valenciano y a la inversa.

WEBS útiles de cultura

pasaporte blog el documentalista enredado
blue music series tv

Redes sociales

  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO
Levante-emv.com y Levante-EMV son un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de Levante-emv.com. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya