Después de la remodelación planteada en el Consell y la forma en que se ha resuelto el área de Cultura/Turismo/Deportes/Grandes Proyectos/ Grandes Eventos/Portavocía..., el reciente nombramiento de Paz Olmos como nueva directora del Museo de Bellas Artes, San Pío V, sólo lleva a pensar que, a partir de ahora, todo es posible en la Generalitat y además, imprevisible. Así que va a ser una legislatura de lo más divertida o de lo más estrafalaria, según se mire.
No tengo nada en contra de Paz Olmos, e incluso cuentan que es muy trabajadora, pero una cosa es haberla elegido para controlar como funcionaria que es la gerencia del museo—ya tiene administrador— y otra que la sitúen al frente de una parcela histórico- artística. Su gestión como funcionaria de carrera o sus años al frente de la dirección general de Patrimonio como gestora— llegó para ayudar a solucionar el tema del Teatro Romano de Sagunt por su especialidad en leyes— han pasado entre papeles, expedientes, conatos de roces con Carmen Pérez...pura gestión ordinaria: día a día sin luz y apenas brillo.
No es culpa de ella llegar a la dirección del Museo San Pío V, aunque sea un atrevimiento, sino del que la designa. A estas alturas y con el museo como está resulta sarcástico provocar a la inteligencia, las universidades, las academias de Bellas Artes y sobre todo a los ciudadanos con que la segunda pinacoteca de España tenga como responsable no ya a un experto en arte, no ya a un conservador de arte, no ya a un académico de Bellas Artes, no ya a un Catedrático de Historia del Arte, como así había venido siendo hasta ahora durante toda su historia, sino a una funcionaria que ha visto languidecer el centro durante los últimos cuatro años cuando la responsabilidad de su gestión le correspondía exclusivamente a su departamento.
Así que muy raro empiezan Lola Johnson y su secretario Autonómico de Cultura, Rafael Ripoll. Muy, muy, raros. Muchísimo.
Olmos, cuentan, tendrá casi con toda seguridad como mano derecha a Felisa Martínez a quien desde hace meses se le ha intentado desde Presidencia colocar en el San Pío V, aunque sin éxito. No sólo tuvo en contra al antiguo departamento de la avenida de Campanar sino incluso al mundo académico y artístico. A ver qué dicen ahora, pero ayer el estupor en los círculos culturales e incluso políticos era mayúsculo.
El San Pío V merece algo más de seriedad si lo que se pretende es convertirlo en un referente de estudio, ciencia, conocimiento, conservación, exhibición y sobre todo divulgación artística, que es para lo que sirve un museo.
No debería haber sido nunca utilizado como instrumento político, ni agencia de recolocación. De la seriedad a la frivolidad hay un largo camino aunque para otros sólo separe un hilo donde la decisión política está por encima de la responsabilidad cultural.
Por lo visto, ya todo es posible. Si Fernando Benito levantara la cabeza...
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