J. R. S. VALENCIA
El nombramiento de la ex directora general de Patrimonio, Paz Olmos, como supuesta nueva responsable del museo de Bellas Artes de Valencia, San Pío V, sin superar el trámite establecido por una sentencia de optar a la plaza tras un concurso de méritos, trae un problema añadido. Y es que su nombramiento no puede producirse ni hacerse efectivo no ya superando el concurso de méritos establecido sino sin contar con el visto bueno del Ministerio de Cultura y, sobre todo, con el Patronato del museo.
Así lo establece el decreto aprobado por la Generalitat en 1991 por el que se creaba el Patronato del Museo de Bellas Artes y modificado en 1996 por la actualidad Generalitat del PP. El decreto regulaba el funcionamiento del museo una vez alcanzado un acuerdo entre las tres partes implicadas en el mismo. Por un lado, la Academia de Bellas Artes de San Carlos, titular de la gran mayoría de los fondos del centro; por otro, la Generalitat que pasaba a custodiar las colecciones y a gerenciar la pinacoteca y por último el Gobierno central, titular en sí del centro.
Según el decreto, el director del museo ha de ser nombrado y separado del cargo por la conselleria de Cultura "de acuerdo con el Ministerio de Cultura y previo informe del pleno del Patronato".
Ninguna de estas circunstancias se ha dado en el caso del nombramiento de Paz Olmos, que todavía no ha sido firmado. El secretario Autonómico de Cultura, Rafael Ripol, seguramente desconocedor de este hecho y antes incluso de pedir informe alguno, se aventuraba hace unos días a anunciar, sin más, que Paz Olmos, apartada en la última remodelación de la dirección general de Patrimonio, asumiría el cargo de director del museo. Ripoll lleva desde entonces desaparecido y la Generalitat no ha vuelto a abrir la boca.
El patinazo está siendo sonoro, como así advirtió este diario. Además, ha encontrado el rechazo de la gran mayoría de asociaciones de críticos, artistas y gestores culturales de España
Los hechos, ponen ahora no sólo en entredicho el supuesto nombramiento a dedo sino incluso la posibilidad de que se haga efectivo salvo superándose los trámites ordinarios: optar a un concurso de méritos entre funcionarios de alto nivel de la administración autonómica, como tuvo que afrontar su antecesor en el cargo, Fernando Benito, y posteriormente recibiendo el visto bueno del Ministerio de Cultura y el Patronato del museo.