CRISTINA MARTÍNEZ ALICANTE
Parece que le ha dado suerte su paisano Miguel Hernández..
Pues sí, yo estoy encantada de que este libro tenga el Premio Internacional Miguel Hernández y ahora el Nacional, es un regalo...
Un regalo merecido...
Bueno, la adjetivación que la pongan después los otros.
¿Por qué cree que ha tenido tanto éxito este poemario?
Pues hombre porque es una mezcla de verdad, de ironía, con un ligero humor negro y porque casi todo el mundo de vez en cuando se plantea esos temas.
El Miguel Hernández se lo dedicó a su familia, «a los que tienen futuro». ¿Y éste?
Este va dedicado a todos lo que de alguna manera no se han hecho ricos con nada, solamente han aspirado, como en mi casa y en casa de la familia de Félix, a trabajar como locos y ahí siguen. La gente tiene sueños de distinto calibre, alguien sueña con tener dinero para comprarse un coche...
¿Y usted?
Yo siempre sueño con repartir, no sueño en riquezas. Cuando los fenicios inventaron la moneda el destino era que circulase y tenían razón. Siempre que me ha tocado lo he repartido y esta vez también. En ese sentido soy marxista.
¿Por qué el tema de la memoria, del no olvido?
Pues porque hace mucho tiempo que lo vengo tocando. Soy una defensora de la memoria histórica. Mi padre era republicano y creo que si no tuviéramos memoria seríamos un desastre absolutamente total. Sin memoria no podemos elegir, no hay manera de comparar y algunos aspiramos a tener muy muy buena memoria. Cuando empecé a escribir este libro lo hice con la idea de que fuera un recuerdo a mi padre a través de lo que había vivido su hija.
Su padre, el pintor Lorenzo Aguirre, republicano y la última persona ejecutada con garrote vil en España. ¿Qué pensaría si viera su historia hecha poesía y además premiada?
Mi padre era un vitalista y un hombre muy feliz, que tuvo la suerte de encontrar a mi madre y los catorce años que vivió con ella fueron de felicidad a tope. Era un pintor magnífico y un hedonista. Yo creo que lo llevaría muy bien y le hubiera encantado porque era un librepensador. Rifó un cuadro y se fue a París con 18 años.
¿Le resultó difícil desnudarse contando esta historia?
Nunca me ha resultado difícil hablar de mí ni de los míos. Soy poco vergonzosa. Paco de Lucía, al que conocí de jovencito, se ponía malo antes de salir al escenario y nunca lo he entendido. Yo pienso que si les gusta bien y si no, también. Lo que hago es lo que hago y lo hago por una necesidad interna.
¿Es la poesía un buen vehículo para hablar de cosas terribles de una manera amable?
La palabra es esencial, así que cuanto más dominemos el lenguaje mejor podremos expresar lo que a veces no hay manera de expresar.
¿Qué diría a la gente para que leyera más poesía?
No hay que decírselo. Además no se lee tan poca poesía como se cree. De pronto te sorprendes en el metro viendo a gente joven leyendo poesía, porque es un paño de lágrimas y un acicate, a veces explica lo que no hay otra forma de explicar. Además hay muy buenos poetas ahora.
¿Con quién se queda?
Manolo Rico, Antonio Hernández... y de los clásicos todos, Miguel Hernández por supuesto. Creo que no había un poeta más señor y con más delicadeza moral y literaria que Miguel.