S. G. VALENCIA
La Valencia Fashion Week encara hoy su edición con menos presupuesto. La crisis, la desaparición de la subvención específica del Impiva y la división entre los diseñadores -que llevó a la Generalitat a repartir la ayuda de forma salomónica entre las dos principales asociaciones- ha dejado la pasarela con 200.000 euros (frente a los 1.200.000, 600.000 por edición, que llegó a tener). Aunque se pueda soñar con una mejora de la coyuntura económica y el entendimiento de las partes -que ya se han sentado a instancias del Consell- el futuro parece tener nombre comercial.
Porque VFW no es, lógicamente, el único escaparate de moda que ha sufrido los recortes del dinero público. La primera pasarela nacional, Cibeles, acaba de estrenar espónsor. El precio, perder, en el cartel, su identidad histórica. La castiza Cibeles será, en los próximos dos años, Mercedes Benz Fashion Week Madrid. La pasarela madrileña firmó un acuerdo con la firma automovilística alemana que "amadrina" otras pasarelas internacionales, como Nueva York, Berlín o Miami.
De este modo, los desfiles madrileños logran empezar a "emanciparse" de las arcas institucionales, invirtiendo la proporción público-privada:los patrocinios pasan del 30 al 60% del total (por cierto, tres millones de euros, a años luz de las cifras que se barajan ahora en Valencia). El 40% restante procede en un 5% de las cuotas de los diseñadores y, el resto, de Ayuntamiento de Madrid, Comunidad de Madrid, la Cámara de Comercio de Madrid y Bankia.
Esta es también la senda que sigue la 080 de Barcelona. El Govern de Catalunya recortó en un 40% el presupuesto público en su última edición, pasando de 1,64 a 1,05 millones, un recorte que se ha compensado con las aportaciones de las empresas privadas.
La pasarela valenciana tenía este objetivo: ir soltando progresivamente el cordón umbilical de la administración aumentando la participación privada y llegar a la autofinanciación. En los últimos tiempos de vacas gordas, ya rondaba el 45-55%. Pero llegaron las vacas flacas y el recorte del Impiva, con la edición ya encima y prácticamente cerrada, alteró los planes.
Ahora, de los 200.000 euros de presupuesto, 100.000 corresponden a la aportación de los patrocinadores y la otra mitad son ayudas públicas aportadas por los diseñadores (también ha cambiado el modelo de gestión). Para lograr sacar adelante los desfiles, se ha renunciado a modelos de renombre, el equipo técnico ha trabajo sin cobrar y los proveedores habituales han aplicado unas generosas rebajas.
La pasarela valenciana mantiene un par de decenas de patrocinadores (aunque no todas las colaboraciones son económicas). El ejemplo de Mercedes Benz Fashion Week Madrid, antes Cibeles, aunque criticado por la concesión comercial, no debería sorprender. Sobre todo en un país y en un momento en el que la liga de fútbol nacional lleva nombre de banco y hasta algún teatro se llama igual que un delicioso helado.