04 de octubre de 2015
04.10.2015

A propósito de los salones

04.10.2015 | 04:15

Como historiador, amante del tebeo todo, sea llamado cómic „que viene de la historieta de Estados Unidos para niños„ que aparecía en los periódicos en la página de Entretenimientos como simples chistes y con el tiempo dejaron de aparecer solamente los domingos y que los críos leían en los suplementos „al igual que mucho más tarde publicaría Levante-EMV, llamado La hora del recreo.

Si no recuerdo mal, el cómic fue llevado, en forma de tira visual, a la gente adulta, tocando prácticamente todos los géneros, desde el rosa (Mary Worth) hasta el western (Broncho Bill), pasando por el policíaco (Dick Tracy) o la ciencia ficción (Buck Rogers, Flash Gordon). Asimismo, llegarían el resto de las diferentes materias. Dejando los cómics, o sea cuadernos que en nuestro país se llamaron „equivocadamente, en mi opinión„ tebeos, desdeñando o mejor dicho ignorando el nombre español, usado en hispanoamérica, de historieta. De modo que los cómics fueron para los críos y las tiras para adultos, aunque con el tiempo se fundirían en un todo, tanto que casi diría que a estas alturas se buscan nuevos nombres para este sufrido arte, como literatura gráfica, novela gráfica, etcétera. Cuando son simplemente álbumes de historietas. Ese es el problema: se olvida el pasado, se piensa en el presente e ignoramos respeto para el futuro.

En los años setenta, más o menos „escribo de memoria, el que esto escribe fundó junto a un recién llegado de Francia, Arturo Ramos, un refugio y asilo, todo a la vez, que llamamos Club Amigos de la Historieta. Atrajimos a gente como José Pérez Casado, Ernesto Roca Bea, Vicente Calvo... Por desgracia, mis actuaciones como pianista me impidieron seguir y lo dejé en manos del mencionado Arturo Ramos. Por allí se hizo, al poco y sin ayuda estatal, o sea sin fondos públicos, pero con la importante ayuda de la Coral Musical El Micalet, que nos cedió el espacio, la primera exposición o salón, con trabajos de la inmortal Escuela Valenciana. Por citar algunos: los hermanos Ortiz y Leo, el laureado Miguel Quesada y otros „son demasiado para citarlos a todos„. Así que, tras un tiempo se realizó, según Vicente Calvo, otro salón en la Feria, años después, ya sin el hermano del alcalde de la época socialista.
Se deshizo el club y tomaron las siglas en Barcelona, el CAH. Poco después, también con cierto aire no digamos honesto, se terminó.
Y ya aquí viene lo bueno. Nació el pomposo salón de Barcelona: Primer Salón del Cómic y la Ilustración. Ya no era ni tebeo ni historieta. Ya éramos del cómic. Al inicio fue, para ser honrados, un serio evento. Pero desgraciadamente como Ficomic se convirtió en un lugar de publicidad editorial. Hoy expone a su criterio, olvidándose de grandes pintores, ilustradores o dibujantes, como el famosísimo artista catalán que jamás renunció a su nombre en español, o sea el que dio rostro y forma al personaje inmortal de José Mallorquí: El Coyote. Nos referimos a Francisco Batet Pellejero.
Entre nosotros, ahora veo amigo Sento, que dejáis fuera a dibujantes como Mique Beltrán o Vicente Izquierdo... Che, collons, qué pena.

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