18 de octubre de 2015
18.10.2015

Cambio de rumbo

18.10.2015 | 04:15

Con los festejos que tuvieron lugar el pasado fin de semana en El Puig y Utiel, concluyó la temporada taurina en Valencia. Ahora es el momento, no sólo de analizar lo sucedido a lo largo de esta campaña, sino de pensar en lo que va venir en el futuro. Un futuro que va a estar presidido por los cambios. El nuevo panorama político resultante de las elecciones autonómicas determinó un cambio en la gestión de los asuntos taurinos para los próximos cuatro años. Se nombró un nuevo diputado de la cosa, en la persona de Antonio Gaspar, quien asimismo es alcalde de Faura y ostenta el cargo de diputado de Hacienda. «Debutó» el pasado mes de julio en la feria de San Jaime. Un debut testimonial, ya que su trabajo comienza a partir de ahora, con la planificación de la hoja de ruta de lo que será el toreo en Valencia en los próximos años.
Gaspar, persona preparada y de buen talante, ha declarado que va a tratar de ser un gestor en esta labor que se le ha encomendado. Una excelente declaración de principios, que se complementa con las esperanzadoras manifestaciones que ha realizado en relación al optimismo que deben tener los aficionados ante el futuro del toreo en Valencia. A pesar de que corren malos tiempos para la lírica el nuevo diputado, quien se manifiesta sorprendido por el tono pesimista que se desprende en muchos aficionados, no tiene empacho en asegurar que tiene por delante un proyecto ilusionante.

Sin embargo, no va a dejar de encontrarse con muchas dificultades en el camino. En primer lugar, por el ambiente antitaurino que se respira y del que es partidaria la alianza de partidos en el poder. Por ello, no le van a faltar presiones poco favorables a la fiesta por parte de sus conmilitones Y, por otra parte, tampoco dejará de recibir presiones del propio taurinismo, que en ocasiones son peores que las de los propios antitaurinos. En forma de sugerencias, peticiones, búsquedas de influencias, escuchitas y recados interesados de quienes siempre están a la que salta.

Entre otros, tres son los grandes temas que debe afrontar. El primero, la gestión de la plaza de toros de Valencia. En su descargo hay que considerar la existencia de un pliego que va a tener que asumir, que supone una situación heredada que jurídicamente no se puede soslayar y que le va a condicionar. Con todo, deberá tratar de hacer una sabia y flexible interpretación del tenor del mismo, por el bien de los aficionados y del propio inmueble. Por otro lado, está la escuela de tauromaquia. En Madrid ya ha saltado por los aires la subvención que se destinaba a ese centro. Aquí en Valencia, ya veremos. Aunque Gaspar ha afirmado que a los chavales que quieren ser toreros hay que darles oportunidades, no van a faltar presiones. Ni contra la escuela, ni para su gestión. Y queda el museo taurino. Una entidad de gran tradición y raigambre que, por mor de la falta de despacio, tiene cerca del 90% de sus importantes fondos guardados en Bétera sin poder ser exhibidos. Un tema que asimismo tendrá que tratar de afrontar, así como el del manejo y difusión del mismo.

No se debe obviar, como punto de partida, que a la diputación valenciana la fiesta de los toros no le cuesta dinero. Es más, obtiene suculentos ingresos por la explotación de su plaza de toros, tal como se infiere del pliego de condiciones de la misma. Por lo que los toros, a diferencia de otros espectáculos y performances, no son deficitarios, porque en cualquier caso se nutren de los propios fondos que generan.
Gaspar ha declarado que tiene intención de escuchar el sentir de aficionados, profesionales, peñas taurinas, críticos y todos cuantos están relacionados con el toreo en Valencia y provincia en la elaboración de la hoja de ruta. Es de esperar que sea capaz de ponderar y tratar con criterio selectivo las múltiples y variadas opiniones que le van a hacer llegar. Hay que desear que tenga muchísima suerte y acierto en su gestión. Y también, que lo le falten lucidez y criterios ponderados para ser un buen gestor. Para ello, nada mejor que opte por ver los toros desde la barrera, valga la expresión. Que se dedique a exigir un adecuado cumplimiento del pliego, velando por el interés de los aficionados. Que no caiga en la tentación de convertirse en un taurino más. Que no se deje ver demasiado por ahí, salvo en las ferias valencianas. Que no alterne demasiado junto a aquellos a los que tiene que supervisar, ni se convierta en portavoz de los mismos. Que no haga alarde de amistad y compadreo con ganaderos y taurinos. Que su gestión sea sostenible y transparente, utilizando estos dos adjetivos ahora tan de moda. Que no pierda el «oremus», en una palabra.
Como él mismo ha manifestado: «las instituciones están para servir». Pues eso. Suerte, valor y al toro.

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