05 de marzo de 2016
05.03.2016
Encuentro

"No estoy en la lista de correo del IVAM"

Vicent Todolí mantiene un encuentro con «alumnos» en Rambleta en el que reflexiona sobre su carrera, incluidos sus inicios en el centro valenciano, y su forma de entender la gestión de un museo - «En el mundo del arte, el consenso empobrece», afirma

05.03.2016 | 04:15
"No estoy en la lista de correo del IVAM"

Entre el icono de la cultura y el asceta que ilumina su caserío de descanso con cirios y espejos, pese a que él rechace la primera parte de la fórmula. Vicent Todolí (Palmera, 1958) se mece en escena como árboles azuzados por el viento o como un mediapunta „le encantan las analogías con el fútbol„, como un rumor sin verificar, hasta que detona en titulares. «No soy un demócrata en el trabajo», dijo ayer en un momento del desayuno con unos veinte alumnos escogidos por Rambleta. El leviatán tenía una explicación: «En el mundo del arte el consenso empobrece porque siempre te quedas a mitad, te dejas las aristas, estás romo. En la Tate tenía la puerta abierta a todas las propuestas del mundo, pero las decisiones las tomaba yo».

Todolí fue director artístico del IVAM, rector del Serralves de Oporto y de la Tate Modern en Londres. Ahora, por fin, se declara un hombre libre. «Cuando trabajas para una institución no eres libre; yo lo fui al dejar la Tate y tuve claro que no dirigiría un museo nunca más», aseveró quien ahora confecciona la programación del Hangar Biccocca de Milán, pero con el compromiso de solo tener que desplazarse hasta la capital lombarda una vez al mes. Un lujo para un hombre que huye de las ciudades «porque son faena». Esta afirmación la tiene interiorizada al punto de haberse comprado una casa en la Vall de Gallinera donde no hay luz eléctrica y un grupo de trabajadores cuidan sus olivos, del que obtiene aceite «no para ganar dinero, sino porque el objetivo es lo que vela por el proceso, mantiene el cultivo».

Valencia constituye un recuerdo lejano para quien fue uno de los primeros puntales del IVAM junto a Carmen Alborch, presente en el encuentro. «A mí se me daba muy mal hablar con los políticos y a ella no, por eso combinábamos bien», explicaba Todolí sobre un centro «que se hizo conocido porque hablaban de él los propios artistas». La observación forma parte de su tesis acerca de a qué obedece un director cuando busca una muestra para el museo: «Una exposición es una investigación y funciona por círculos concéntricos: la haces primero pensando en los artistas, luego en los investigadores y así hasta llegar al público general».

Liberado de instituciones más allá del Biccocca, se mueve como asesor en varios proyectos, como el del futuro Bombas Gens en Valencia, en el que han puesto en marcha un plan para adquirir exposiciones enteras «y así programar durante veinte años». Pero a la ciudad, claro, viene poco. «Me fui en 1996 y solo vuelvo a alguna galería y a mi dentista», aclaró, y aseguraba no conocer los nuevos centros de arte como Las Naves o la misma Rambleta, algo que achaca a que la ciudad no sabe comunicar sus hitos. Del IVAM le separan varios abismos desde su marcha; entre ellos, apuntó con ironía, el tecnológico: «No me tienen en su lista de correo».

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