08 de marzo de 2016
08.03.2016

Las piedras filosofales de Guillermo Ros

El artista valenciano presenta en Área 72 la muestra «Stoned», un grupo escultórico pétreo con el que reflexiona sobre la levedad de lo virtual

08.03.2016 | 04:15
Conjunto de esculturas sobre una malla de espejos, de Guillermo Ros en Área 72.

No acerquen su bisutería porque no se irán con oro de la sala. La alquimia a la que juegan las esculturas de Guillermo Ros (Vinalesa, 1988) es menos luminosa y un poco más controvertida: transforman la realidad en ficción y la traen de vuelta. «Somos ignorantes, incapaces de ver las cosas tal como son», reflexiona el profesor Juan Bautista Peiró en el texto de sala de esta exposición instalada en Área 72. El comentario nace del conjunto escultórico del artista valenciano, su primera muestra individual en una galería y que reúne un conjunto de piedras de mármol de Calatorao talladas y pintadas, unidas todas a un espejo que proyecta su doble virtual. El título de la exposición, Stoned, obedece al hecho «de quedarte petrificado» pero también a la expresión inglesa que alude al efecto que dejan ciertas drogas como la marihuana. Porque en ese terreno fronterizo, siempre entre dos conceptos, se sitúa la obra de Ros. «Vivimos entre lo real y lo virtual, hoy en día le damos más importancia a una conversación por Facebook que a un cara a cara; es difícil saber qué es real», argumenta el artista.

En esa confusión ha instalado algo tan primigenio „«trato de actualizar lo arcaico», dice él„ como piedras, las cuales fue a sacar él mismo de una cantera aragonesa, y las ha cromado con pinturas propias del tunning. «Mientras trabajaba en ellas ya iba pensando en la imagen que completaría el espejo», explica Ros sobre lo que se muestra en la sala: las piedras quedarían mutiladas sin su parte virtual, la que ofrecen los espejos en el suelo que aportan «ingravidez» a la escena. La exposición se va sumergiendo en la confusión a medida que avanzan las tres fases: en la primera las piedras están pintadas solo por una de sus caras, la que no ha sido tallada; en la segunda están cubiertas totalmente de pintura y la última es un vídeo en el que los tótems de Ros se desinflan o explotan. La deconstrucción total de la materia.

Una de las piezas de la serie fue vendida en el pasado Justmad a la colección de DKV, uno de los hitos personales del artista valenciano que ahora despliega todo su imaginario en una galería, aportando más caos (desde una postura reflexiva) a la frontera entre Matrix y el mundo real.

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