13 de marzo de 2016
13.03.2016

El puente que soñó Max Aub

La revista «Los Sesenta», creada por el autor valenciano, se edita por primera vez en España 50 años después - La publicación quiso ser el enlace de los del 27 exiliados con los de aquí

13.03.2016 | 04:15
El puente que soñó Max Aub

Iba a ser In memoriam o Sed, pero acabó siendo Los Sesenta, porque la premisa es que a esa edad hubieran llegado los colaboradores. El proyecto se remonta a 1958, aunque empezó a convertirse en papel en 1964. Fue efímero, pero fue el sueño de Max Aub de unir a los autores de la Generación del 27 separados por el Atlántico. Los de España y los del exilio.

«¿Por qué no hacemos una revista usted, Dámaso (Alonso), Gerardo (Diego), Manolo (Altolaguirre), Rafael (Alberti), Emilio (Prados), Luis (Cernuda), León (Felipe), para nosotros? Allí o aquí. Sin crítica», le escribe a Vicente Aleixandre desde México el 26 de febrero de 1958, en la primera referencia a este sueño.

Aquel puente que iba a ser construido por bastantes acabó recayendo sobre los hombros únicamente de su impulsor, el escritor valenciano. De ahí que quedara en cinco números publicados en México en algo menos de dos años.

Los Sesenta ve la luz ahora en España por primera vez, en una edición preparada por la profesora valenciana Xelo Candel y Gabriele Morelli para la editora sevillana Ulises. Ambos presentaron esta semana en la librería Ramon Llull de Valencia el resultado, que incluye sendos estudios de ambos sobre la gestación de la revista y las dificultades que encontró Aub.

Algo más que kilómetros
El devenir del proyecto demuestra al final que no solo existía diferencia geográfica a causa de la Guerra Civil „«la que nos clavó», dice Aub„ entre los representantes del 27, sino que el trauma que los había separado seguía presente. Y que a veces la distancia era mayor entre los que se habían quedado o habían regresado a España ya en los sesenta.

El enfrentamiento era claro y directo entre algunos de ellos. Basta ver la negativa de José Bergamín a colaborar en una revista en cuyo consejo editorial „poco trabajador y colaborador con el exiliado en México„ figuraban Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre: «Me repugna hacerlo al lado de esos dos académicos de la Real realísimo contubernio, complicidad y cobardías, que son aquí Vicente y Dámaso, examigos. Si vinieras a España lo comprendirías y sentirías», le escribe el católico Bergamín. No obstante, el tozudo Aub lograría más tarde colar en la publicación algún texto de aquel.

Curiosamente „o no tanto„, Alonso y Aleixandre, que abrazaron con gozo inicialmente el proyecto del valenciano, se fueron alejando a la francesa, sin aclarar nunca sus razones, al menos según lo que consta en la correspondencia conservada en la Fundación Max Aub.

El autor de La gallina ciega se queja en julio de 1965, cuando Los Sesenta ya decae, de la «flojera» de los compadres de la revista (codirigían Alonso, Aleixandre, Guillén y Alberti). Le contesta Antonio Espina, uno de los últimos participantes en el proyecto, sin pérdida: «No me extraña la flojera de que hablas, por parte de Alonso y Aleixandre. Son los bien vistos del régimen, pese a sus calculados pequeños alardes de color rosa, nunca rojos. Son dos aprovechados incapaces desde luego de hacer nada por nadie de nuestra cuerda (non te fidare!)».

Unos «cagados de miedo»
La réplica del viejo Aub no es menos mordaz sobre sus «sedicentes» codirectores Dámaso y Vicente, sobre todo al primero. «Son unos cagados de miedo incapaces de decirme que no a mí mismo».
Con todo, como expone Candel a partir del epistolario, Max Aub nunca cortó la conexión con Aleixandre, «bellísima persona», y ni siquiera con el docto Alonso.

¿Qué pasó con otros ilustres del 27? Gerardo Diego quedó al margen de la revista por olvido, si se quiere pensar bien, o por las diferencias religiosas entre él y Aub. Albertí dejó su colaboración en unos poemillas. Cernuda iba a colaborar, a pesar de la escasa relación en el exilio mexicano con Aub («tan frío y mala persona como gran poeta», escribió de aquel), cuando le sobrevino la muerte en 1963.
Otros más jóvenes como Carlos Barral rechazaron participar porque consideraban la publicación «museística» y creían que lo que tocaba hacer en 1964 era «la anti-Revista de Occidente».

Al final, lo que iba a ser sobre todo una vía de comunicación entre viejos compañeros de generación quedó en el esfuerzo único de Max Aub. Por eso, la agonía del proyecto.

Con todo, aquellos cinco números sirvieron también al valenciano de las cuatro nacionalidades para el otro objetivo con que alumbró Los Sesenta: resituarlo entre las nuevas generaciones de la poesía española, que buscaban entonces caminos al margen (más realistas y comprometidos) de la línea esteticista de los del 27. Los de Los Sesenta (años).

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