08 de mayo de 2016
08.05.2016

Lección magistral de José Tomás

Los tres toreros salieron a hombros al final del festejo junto con el mayoral de la ganadería de Núñez del Cuvillo - El Rey Juan Carlos asistió a la corrida desde una barrera, acompañado de la Infanta Elena y de su nieta Victoria Federica

08.05.2016 | 00:19
José Tomás ante el fervor de la gente a su salida a hombros de la plaza.

La lluvia y el viento no hicieron que la de hoy fuera la mejor tarde, ni para los toreros ni para el público, para disfrutar de un festejo que había despertado tanta expectación como el de la vuelta a los ruedos españoles de José Tomás. Pero, terminada la corrida, todo el mundo dio por bien empleado el esfuerzo y las incomodidades después de haber sido testigos de una buena tarde de toros y, sobre todo, de una auténtica lección de toreo al natural impartida por el gran torero madrileño.

La cátedra tomasista se vivió especialmente con el segundo de la tarde, un ejemplar con clase, al que José Tomás toreó siempre con la mano izquierda, creando y cuajando una faena de sublime intensidad, sencillamente clásica. Y es que el diestro de Galapagar se limitó a mostrar la auténtica esencia de la más profunda y honda tauromaquia, sin importarle, con ese seco y sereno valor que atesora, que el viento descontrolara su muleta en más ocasiones de la cuenta y no le permitiera macizar algunas series. Aun así, hubo varias decenas de naturales de una brutal autenticidad, con los talones del torero asentados en la arena y dejándose ir tras la embestidas con la cintura en muletazos largos y profundos, cada vez más y mas templados, ralentizando cada arrancada con los simples vuelos del engaño. Ese toreo esencial, sin aditivos ni colorantes, fue el que marcó las diferencias de la tarde, y no sólo porque José Tomás cortara el rabo del toro tras una gran estocada, sino porque ya no se volvió a ver, ni de lejos, una faena similar en el resto de la corrida, a pesar del desmedido corte de trofeos. El mismo José Tomás lo logró sólo en momentos aislados ante el quinto, un toro sin clase y rajado, al que sujetó con inteligencia y sin brusquedad alguna, pero que no agradeció tan buen trato del madrileño, que le cortó finalmente una oreja tras otro espadazo.

Bien Manzanares y Padilla
Manzanares pechó con el mejor lote de la buena corrida de Núñez del Cuvillo, especialmente su primero, con el que tardó demasiado tiempo en acoplarse entre tirones y dudas. Solo una serie estimable a final de obra y una espectacular y letal estocada en la suerte de recibir pudieron ameritar ese doble corte de trofeos. En cambio, al alicantino se le vio desbordado y sin ideas ante la más exigente bravura del sexto.
Por su parte, Juan José Padilla protagonizó el momento más duro de la tarde, al ser volteado cuando banderilleaba a su primero. Cayó inerme en la arena el jerezano, que fue trasladado así a la enfermería, de donde salió sin lesiones aparentes. Con el cuarto de la tarde, estuvo a la altura de la calidad del «cuvillo», pero para darse luego a un toreo populista que sus paisanos le premiaron con creces.

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