05 de junio de 2016
05.06.2016
Feria de San Isidro 2016

Manzanares remonta el vuelo y Ureña se consagra en Madrid

Talavante destaca por su clarividencia ante un violento jabonero de Núñez del Cuvillo, al que torea despacio y por abajo en dos tandas de naturales para el recuerdo

05.06.2016 | 04:15
Manzanares remonta el vuelo y Ureña se consagra en Madrid

Madrid ha sido, durante un mes, la capital mundial del toreo. Una cita que marca la temporada de los principales diestros del escalafón ya que supone el test de mayor importancia del año. No todos son capaces de superar la prueba de torear ante la afición más exigente y rigurosa de España.

­La corrida de Miura que se lidiará esta tarde pone el punto y final a la Feria de San Isidro, la cita más importante de la temporada taurina. A falta de lo que ocurra hoy con los toros de Zahariche, el balance numérico del ciclo madrileño arroja un total de cuatro puertas grandes y un toro premiado con el honor de la vuelta al ruedo póstuma. José María Manzanares ha sido el autor de la mejor faena, su obra más sobresaliente como matador en la plaza de toros de Las Ventas y, posiblemente, de su toda su trayectoria profesional. El diestro alicantino brilló ante un buen toro de Victoriano del Río, de nombre «Dalia», al que toreó con suavidad, ajuste y elegancia. El quite por chicuelinas, echándole el capote al toro de largo y trayéndoselo toreado para ceñírselo al cuerpo, recordó a los lances que „en su día„ firmara su señor padre y que tanto distan de la vulgar ejecución a la que nos tienen acostumbrados la mayoría de matadores en la actualidad. El mejor toreo de capa que se ha visto este año en Madrid, junto con la verónicas de Ponce el día de la confirmación de Román. Entre valencianos anda el juego.

Sobresaliente fue también la concepción del trabajo de principio a fin, desde la acertada elección de terrenos y distancias, hasta la medida de los tiempos. Una lección de madurez que ensombrece otras actuaciones del propio torero esta misma temporada, que no han pasado de la mera y mecánica ejecución de pases sin ningún propósito. Misterios del alma humana. Por ponerle un pero a la gran actuación del alicantino en Las Ventas, la falta de hondura sería, sin duda, su principal carencia. No porque el torero adolezca de tal virtud, sino por su empeño en no dar ese paso definitivo en pos de la maestría. Por eso la faena, que fue merecedora de las dos orejas, no lo fue del rabo.

El sitio de los elegidos
Si un torero ha conseguido la unanimidad de crítica y público durante este san Isidro y lo que va de temporada, ese ha sido Paco Ureña. El diestro lorquino pisa unos terrenos donde la gloria y las cornadas se reparten a partes iguales. Hasta cuando aguante el tipo en ese Olimpo, es una feliz incógnita que disfrutaremos mientras dure. Acostumbrado a librar batalla con las denominadas "corridas duras", en cuanto se le ha presentado la oportunidad de catar otro género, su toreo ha crecido en dimensión. A su poder y pureza, sumen ahora la irresistible atracción de la plasticidad. Se jugó el pellejo sin miramientos ante dos toros de Salvador Domecq, especialmente ante el sexto de la tarde, que no consentía la menor de las dudas ni el más ligero error. A este lo sometió a base de corazón y temple, toreándolo hacia adentro sin trampas y ligándole los muletazos sin perderle ni un solo paso. Al primero de su lote lo toreó con igual encaje y verdad, arriesgando por el pitón más difícil del toro, que era el izquierdo. El balance de una solitaria oreja se antojará insuficiente para los amantes de los trofeos, pero no para los buenos aficionados que rugieron con el buen toreo del murciano.

Si su primera actuación en la feria fue la que le consagró definitivamente como torero de Madrid, su segunda no le fue a la zaga. Ante el mejor ejemplar de la corrida de Las Ramblas y tres días después de que un toro de Victorino le pegara una cornada en Vic-Fezensac, se ajustó en una tanda de naturales despaciosos, de tremenda ligazón, y otra por el derecho en la que sometió al toro en siete muletazos, siete, que nosotros los contamos. Ahí es nada. Al quinto, al que recibió a "porta gayola", lo toreó con idéntico compromiso antes y después de la cogida. Al término de la faena dio una merecida vuelta al ruedo, entre los merecidos aplausos de la afición de la villa y corte. Madrid ya tiene torero.

«Talavante connection»
El extremeño atraviesa un momento de extraordinaria lucidez profesional que alcanzó cotas altas ante un cinqueño de Núñez del Cuvillo, jabonero de capa, en la primera de sus tres tardes en la feria. Una faena magistral, solo al alcance de los privilegiados, cobrada ante un animal de incierto caminar, mal genio y evidente violencia, ante el que obró el milagro del temple cuando la mayoría dábamos por imposible al toro. Cómo lo consiguió sería materia para otro artículo más extenso. Por abreviar, el torero tras haber sufrido numerosos desarmes por mor de la mala condición de su oponente consiguió ganarle la acción con firmeza, a pesar de los derrotes. De repente, el agua convertida en vino. Una tanda por el izquierdo de soberbia factura que atemperó la agresividad mostrada. Una segunda serie de similar detalle pero con el toro acordándose de lo que era; y una tercera, monumental, en la que consiguió torearlo por abajo y con despaciosidad. ¡Lo inimaginable! Una estocada que rueda al Cuvillo sin puntilla y la merecida oreja. La conexión entre la cabeza y corazón de un torero que ingresa en el podio de la feria por méritos propios.

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