17 de julio de 2016
17.07.2016

Muse agita Benicàssim

La banda británica impulsa la XXII edición del FIB - El festival cierra hoy con el hip hop de Kendrick Lamar

17.07.2016 | 16:56
Muse agita Benicàssim

Durante no pocos años, una destartalada pintada moteaba las noches de fiesta en el pueblo: «Benicasim Mafia». Hasta hace poco, un hashtag triunfaba en las redes sociales a la hora de etiquetar las fotos: «Benifornia». Pero no, ni en Benicàssim pasean nocturnas las bandas callejeras ni sus playas las moldean las olas del océano Pacífico. Lo más similar al nexo de esos dos mundos opuetos sucederá hoy en el escenario principal de la XXII edición del Festival Internacional de Benicàssim. El culpable, Kendrick Lamar.

El rapero estadounidense nació en Compton y eso en asuntos hip-hoperos son palabras mayores. De Compton, un suburbio de Los Ángeles, en California, surgió N.W.A., que popularizaron el gangsta rap a finales de los ochenta. El argot callejero, el componente racial, la crudeza reivindicativa de las letras, los problemas con la justicia y el coqueteo con la delincuencia fueron algunas de sus señas de identidad. Uno de los miembros originales de la banda, el productor Dr. Dre, es hoy uno de los principales responsables de la ascensión gloriosa de Kendrick Lamar, legítimo heredero de todo aquello. Dre lo escuchó por internet y lo fichó para Aftermath, su sello. Lamar es apenas un lustro después uno de los popes de la música popular contemporánea. Su último álbum de estudio, To Pimp a Butterfly, fue el espaldarazo definitivo.

Kendrick Lamar encabeza el cartel de la jornada final del FIB. Lo escoltan nombres como Massive Attack o The Maccabbes. La XXII edición del festival confirma los buenos tiempos para una cita, la benicense, que no hace tanto temía por su supervivencia. Anoche, en cambio, con el show mastodóntico de los británicos Muse como principal reclamo, el recinto acogió alrededor de 40.000 espectadores, unas cifras propias de la pasada década, previas a la crisis. Desde que Melvin Benn relevara a Vince Power en la dirección, el FIB se ha esforzado por construir carteles integradores que resultaran atractivos para distintas generaciones y, sobre todo, tanto para el público español como el británico. La fórmula está arraigando. La mezcla resulta. Los números no engañan.

Tampoco las sensaciones. El ambientazo de viernes y sábado en el recinto destilaba el poso de un brindis por los viejos tiempos. Lo mejor que le puede ocurrir a un gran festival es que sus cabezas de cartel funcionen. Lo hizo Major Lazer el primer día, y el viernes el escenario grande se engrasó con una magnífica secuencia progresiva: la eficiencia de The Chemical Brothers coronó el nervio sudoroso de Biffly Clyro.

Programa
El FIB es una fiesta y como tal culminará en resaca. Pero mientras, parece no haber un mañana. Ayer Muse saltó al ruedo vencedor de antemano. Con anterioridad, el menú se presentó variado. El homenaje a David Bowie por parte de Capsula, el pecho de la clase media con The Kills, Walking on Cars o Echo & The Bunnymen, y la parcela nacional bien cubierta con Zahara, Fasenuova o los valencianos Ramírez Exposure.

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