19 de diciembre de 2016
19.12.2016

10 libros para regalar en Navidad

Se acercan las Fiestas y las mesas de novedades de las librerías se presentan repletas de obras-regalos para sortear los vaivenes del mercado editorial

19.12.2016 | 04:15

Hace tiempo que la lectura ha perdido el papel relevante que durante siglos ocupó respecto a la transmisión del conocimiento e historias. Es por eso que el libro-regalo domina las mesas de novedades de las librerías. En tiempos de internet, el fomento y la motivación a la lectura se reinventan en Navidad con libros más atractivos, ediciones de calidad, tanto en rústica como en tapa dura, para satisfacer las expectativas de los lectores que están a favor de los obras singulares, únicas y notables y en contra de la banalidad, la sandez y las operaciones de marketing de las grandes editoriales que copan el mercado con best-sellers sobre códices, sábanas y familiares/amigos de Cristo.

El premio Nobel peruano Vargas Llosa, en un artículo titulado Elogio de la mala novela, se quejaba de la paranoia novelística contemporánea: «Se diría que los novelistas se han repartido el trabajo: a los mejores les toca la tarea de crear, renovar, explorar y, a menudo, aburrir; y a los otros „los peores„, mantener vivo el viejo designio del género: hechizar, encantar, entretener». Lo cierto es que no hay acuerdo entre los lectores y los críticos sobre qué nos conviene leer para desarrollar habilidades que no se adquieren precisamente leyendo best-sellers o chateando en internet, o más bien en Twitter o Facebook.

Así pues, aquí tienen ustedes una selección de lecturas imprescindibles para Navidad con algunas de las novedades más destacadas en narrativa, ensayo y biografía. Al elegir destacar un título y no otro me he dejado llevar por mis propias impresiones y gustos, y posiblemente, en algunos casos, también por mi estupidez, como dijo el novelista francés Frédéric Beigbeder a través de su alter ego en Socorro, perdón: «Me gusta repetir que mi estupidez es la de mi época, pero en el fondo sé que mi época es sólo un pretexto y que mi estupidez me pertenece».


1. «Leer», André Kertész (Periférica & Errata naturae)
Qué sería de nosotros sin los libros, esos objetos que amamos aunque nos sometan (o precisamente por ello), que nos trasportan a lugares siempre originales y desconocidos, que abren para nuestra conciencia nuevas puertas, inventando horizontes que se antojan infinitos. El placer de leer es algo indescriptible, como explorar un espacio indómito en el que nadie antes (salvo el autor del libro) ha estado. André Kertész, uno de los fotógrafos más singulares y destacados del siglo XX, comenzó a fotografiar a personas absortas en la lectura tan pronto como se dio cuenta de que este acto cotidiano que implica identificar los códigos de nuestra lengua, entender su secuencia, interpretar lo que nos quieren decir, encerraba muchos significados. En «Leer», publicado por primera vez en 1971 y que ahora se publica por primera vez en castellano con un prólogo de Alberto Manguel, Kertész recogió una selección de fotografías de lectores de toda condición (estudiantes, bailarinas, amas de casa, mendigos, monjes, ancianos, niños) tomadas por él mismo entre 1915 y 1970. Sus instantáneas resisten magistralmente la embestida del tiempo. No han perdido brillo: lucen con la misma intensidad que cuando fueron realizadas en Hungría, París o Nueva York; conservan intacto su sentido y sensibilidad, porque una vez caen bajo nuestros ojos, cobran vida de nuevo.

2. «El libro de las maravillas del mundo», Marco Polo (Abada editores)
El tamaño quizá no importe, pero, en este caso, sí que impone. Y mucho. Más de medio millar de voluminosas páginas cargadas de aventuras, de historias, de leyendas y de mitos que Marco Polo, capturado por los genoveses durante la batalla de Curzola (1298), dictó en la cárcel a Rustichello de Pisa, un mediocre compilador de aventuras caballerescas. En 1271, Marco Polo, junto con su padre Niccoló y su tío Matteo, salió de Venecia para dirigirse a la lejana Asia, ganándose la confianza del Gran Khan de Catay, que le confió delicadas misiones en provincias también remotas de su imperio. Los hermanos Polo y el adolescente Marco, de 17 años, entraron en Asia por la costa del mar de Levante: Anatolia, Armenia, Persia, en varias direcciones y un largo viaje que ningún europeo había recorrido hasta entonces: «Anduvieron fatigosamente tres años, con mal tiempo y atravesando grandes ríos en invierno y en verano, por lo que no podían ir a caballo. Y cuando el Gran Khan supo que llegaban los hermanos, sintió una gran alegría y salió a recibirles». Con idéntica alegría lee uno «El libro de las maravillas del mundo» en la prosa dura y poética de Marco Polo, un verificador de milagros incontestable o, si lo prefieren, un prestidigitador sin trucos, que en su empeño por acortar el mundo lo agrandó.

3. «Diarios completos», Sylvia Plath (Alba editorial)
Sin apenas jugar en la liga de las estrellas, la de los grandes clubs y los macroeventos, la poetisa inglesa Sylvia Plath vio culminar su ascenso desde la nada al Olimpo (sus «Collected Poems» recibieron el Premio Pulitzer a título póstumo en 1982) después de su suicidio en 1963. Sus «Diarios», que tras años de censuras publica ahora completos la editorial Alba, en edición de Juan Antonio Montiel y traducción de Elisenda Julibert, son la muestra más inequívoca de su lucha y su frustración por conseguir notoriedad: «No llega correo, no me han publicado nada desde principios de octubre y ¡he mandado montones de poemas y cuentos! Por no hablar de mi libro de poemas. Ni siquiera ha llegado la carta de Ted [Hughes] con los detalles del premio que ganó, así que hasta del placer indirecto estoy privada. Llegan las facturas. No he escrito nada [...] Una vez más siento la distancia que existe entre mi deseo o mis ambiciones y mis limitadas capacidades. [...] Ahora vuelvo a tener la sensación de que jamás seré capaz de escribir una historia interesante ni un buen poema». Estos «Diarios completos» se postulan como robusta bisagra con la que cerrar el pasado de insidias y abrir el futuro de su poesía, hasta ahora en segundo plano.

4. «Kafka», Reiner Stach (Acantilado)
Si están aún paralizados desde que leyeron la biografía del italiano Pietro Citati sobre Franz Kafka, prepárense, pues la del alemán Reiner Stach, divida en tres partes (Los primeros años, Los años de las decisiones y Los años del conocimiento), es aún más peculiar y ha sido ya recibida como la biografía definitiva del autor de «La metamorfosis». «Kafka» de Stach es una biografía monumental (2.368 páginas) donde la narración y la erudición se rozan sin dañarse. A diferencia de otros biógrafos y estudiosos de la vida y la obra del escrito checo, Stach da la impresión de haber llegado a ese punto en el que ya no hay que luchar contra el tiempo, sino moverse en él. Más que nunca, Kafka es nuestro contemporáneo. Habría sido actual hace quince años, lo será dentro de cincuenta gracias a la magnífica biografía de Stach, que ha sabido rastrear en profundidad y captar plenamente cada una de las vueltas de la compleja química de su relación con la sociedad: «Kafka era todo lo contrario de un marginal, estaba socialmente integrado y llegó, al fin y al cabo, a subdirector de departamento con derecho a pensión. Pero no amaba su profesión, y la relativa seguridad que le ofrecía había sido comprada al precio de una formación desproporcionadamente larga y agotadora a costa de su vida».

5. «Cuentos de hadas», Angela Carter (Impedimenta)
Produce un poco de vértigo pensar qué será de los cuentos de hadas tradicionales dentro de un par de décadas, en un momento en el que nos enfrentamos a la inquietante banalización que el cine hollywoodiense ha realizado de ellos, enfocándolos hacia un público infantil. Habrá que recurrir entonces a libros como «Cuentos de hadas» de Angela Carter, donde la escritora inglesa reunió dos colecciones de cuentos perversos antes de morir en 1992. La autora de «El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo» fue una maestra de las formas breves y una aguda lectora. Los cuentos de hadas seleccionados en este volumen son una buena muestra de ambas virtudes. En ellos encontramos a chicas malas, ancianas arteras, madres, hijas y hermanas inusitadas. Más que ningún otro autor, Angela Carter buscó vestigios de la diversidad pantagruélica del mundo y lloró su desecación actual, por eso la mayoría de las historias de este hermoso volumen, ilustrado por Corinna Sargood, tiene su origen en el pasado pre-industrial. Quienes compartan la admiración por su inteligencia, estilo y obra, lo ratificarán una vez más al leer estos «Cuentos de hadas». Adquisición obligatoria para sus fans; los demás cómprense también «La cámara sangrienta», una colección de diez relatos basados en cuentos de hadas, en especial de Charles Perrault.

6. «La casa de los veinte mil libros», Sasha Abramsky (Periférica)
En los años ochenta, cuando Sasha Abramsky era un adolescente, su abuelo Chimen Abramsky, uno de los mayores expertos tanto en la historia del socialismo como en historia judía, le introdujo en la Casa de los Libros, una vivienda en el norte de Londres, en el número 5 de Hillway, Highgate, donde durante más de sesenta años atesoró varias toneladas de libros, manuscritos, cartas y periódicos apilados por todas partes, que hacían imposible la convivencia de la familia. Cuando su abuelo murió en 2010, a los 93 años, Abramsky decidió escribir «La casa de los veinte mil libros» para dar a conocer su vida, una vida marcada por guerras civiles, dictaduras y pogromos, pero, sobre todo, la de la casa de Hillway. Chimen no fue un hombre especialmente instruido. Parece ser que su experiencia académica fue bastante limitada, y dependió demasiado de la riqueza de su propio carácter y de los libros que coleccionó durante toda su vida. La suya fue, en palabras de Abramsky, «una obra de amor, de respeto al pasado, en la que se preservaban la memoria y las ideas de los hombres muertos tiempo atrás, sus mundos, tan perdidos como sus voces, sus sonrisas, sus cuerpos». «La casa de los veinte mil libros» es una de las obras más hipnóticas de este año que ahora acaba. Nos gustaría que su lectura fuera una espiral infinita, que no acabara nunca.

7. «La mujer de papel», Rabih Alameddine (Lumen)
Cualquiera que se haya asomado a la obra del escritor libanés Rabih Alameddine sabe que la calidad está garantizada, que la inversión merece la pena. Lumen ya había publicado aquí los títulos «El contador de historias» (2008) y «La mujer de papel» (2012), ambos descatalogados o sin stock. Y ahora renueva alegrías con la reedición de «La mujer de papel» después de haber sido galardonada en Francia con el Premio Femina 2016, como no podía ser de otra forma viniendo de quien viene. «La mujer de papel» es una novela tan apasionante como apasionada es su protagonista Aaliya, una mujer de sesenta años encerrada en su apartamento de Beirut, dedicada a leer libros y a traducirlos, mientras en la calle caen las bombas. La vida de Aaliya está brutalmente condicionada por la guerra del Líbano, y esa necesidad de leer y traducir es su manera de estar en el mundo, aunque ella es consciente de que su trabajo no tiene ninguna trascendencia: «El mundo sigue tanto si yo hago lo que hago como si no. Tanto si encontramos la maleta perdida de Walter Benjamin como si no, la civilización continuará yendo hacia delante y hacia atrás, la gente recorrerá el planeta, estallarán guerras, se servirán comidas. Tanto si alguien lee a Pessoa como si no. Todo este negocio del arte no tiene ninguna trascendencia».

8. «El libro más peligroso», Kevin Birmingham (Es Pop ediciones)
Si hay un libro que permite infinitas lecturas ese es «Ulises» de James Joyce: el libro sin fin o cómo convertir el relato del vagabundeo de Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus por las calles de Dublín, cuyo itinerario recorre nuevamente las míticas etapas de la Odisea, en un monumento hipnótico que araña en lo más profundo de la existencia del hombre. El historiador Kevin Birmingham, galardonado con el premio Truman Capote de Crítica Literaria 2016 por esta biografía, lo llama «el libro más peligroso». Pese al clamoroso éxito de «Ulises», Joyce vio como su libro era prohibido en 1922 tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos (Virginia Woolf se negó a publicarlo en Hogarth Press, la editorial que fundó en 1917 junto a su marido Leonard Woolf) y juzgado tres veces por obsceno. Según Birmingham, «las transgresiones de Ulises fueron el primer elemento que la mayor parte del público conoció sobre la novela. [...] En el transcurso de una década, Ulises se convirtió en una sensación clandestina». Como fan (fanático) de Joyce, recomiendo muy encarecidamente la lectura de «El libro más peligroso», una obra tan erudita y amena como reveladora. Joyce no habría podido soñar una biografía mejor para su Ulises, del que Kurt Tucholsky dijo que era como el concentrado de carne Bovril: «No se puede comer, pero te permite preparar muchas sopas».

9. «Autobiografía», Morrissey (Malpaso)
En 2013, el cantante de la banda de rock alternativo The Smiths publicó su «Autobiografía» en el sello Penguin Classics, al lado de la obra de Tolstoi, Dickens, Melville, Kafka, Homero, etcétera. Ahora se publica en España con la aprobación de Morrissey, que en un principio había decidido que sólo existiera la edición en inglés, porque, según sus propias palabras, no tenía «tiempo para supervisar cada traducción, comprobar cada punto y cada coma, y soy parcialmente ciego desde los 14 años». Para los que no lo conocen es importante subrayar que Morrissey, ese hombre «que cuando habla se parece a un pavo real», como cantaba Mari Trini, genera rechazo y adhesiones a partes iguales. Así es también su «Autobiografía». Morrissey escribe como compone. O casi. Las páginas en las que describe el Manchester de su infancia («Mi infancia es una calle y otra calle y otra calle y otra calle; calles que te definen y calles que te confinan») parecen extraídas de una novela de Gertrude Stein. Las páginas en las que habla de la fama, superado el umbral de la marginalidad, no consiguen trascender la anécdota con sus prosaicas enumeraciones de giras en las que «la vida se emborrona como las letras de un periódico cuando se miran muy de cerca». Tan magistral como interesada: pero aún así vale la pena.

10. «Apóstoles», Tom Bissell (Ariel)
El autor de «Apóstoles» se crió en un hogar católico y fue monaguillo. De ahí su interés por la historia y leyenda de los discípulos de Jesús, más que por el propio Mesías. ¿Quienes fueron Pedro, Pablo, Mateo, Tomás, Juan, Bartolomé, Judas, Simón, Jacobo, Felipe, Andrés? Esta es la pregunta que intenta responder Tom Bissell en este fascinante libro que conduce al lector desde los orígenes del cristianismo en una colina llamada Gólgota hasta los confines del Imperio romano donde desaparecieron sin dejar rastro. Más allá de los evangelios, los doce apóstoles parecen haberse volatilizado en el aire: «Igualmente asombroso resulta que la expresión ´doce apóstoles´ que en la actualidad resuena con la constancia de un himno amado, aparece sólo una vez en todo el Nuevo Testamento, concretamente en Mateo 10.2. [...] Los padres de la Iglesia, a partir de un enigmático párrafo de Lucas 10, hablaron de sesenta discípulos, algo que no se menciona en los demás evangelios, escogidos por Jesús para propagar su palabra». En «Apóstoles», Bissell recorre el paisaje después de la crucifixión para contar qué fue de las personas que estuvieron más próximas a Jesús. Se lee con una novela de intriga; una novela que, por supuesto, muy pocos podrían haber escrito con más autoridad que Bissell.

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