Dolors Palau,
Valencia.
Más de medio millar de personas se dieron cita anoche en el Octubre Centre de Cultura Contemporània (OCCC), que este año acogió la entrega de los premios literarios y el homenaje al cantautor Lluís Llach -que en marzo se retiró de los escenarios-, con una sorpresa en forma de montaje multidisciplinar, dirigido por el escenógrafo Lluís Danés. Escritores y artistas, numerosos representantes de los gobiernos catalán, balear y andorrano -ninguno del valenciano-, del mundo político, académico y sindical, estuvieron presentes en la gala de entrega, que este año estrenaba nueva sede y formato.
Después de recordar a la compositora Matide Salvador, fallecida hace unas semanas, el editor Eliseu Climent destacó la figura del cantautor de Verges.
«Su pasión por el país
-dijo-
es la nuestra, sus sueños son los nuestros, nuestras esperanzas son las suyas. Su rabia es la nuestra»
. Climent incidió en su defensa de las emisiones de TV3 en tierras valencianas y aludió al Llach menos conocido para contar
«una vieja historia»
que tiene como protagonista al propio cantautor y al ensayista Joan Fuster. En los años 70, a raíz de la publicación de sus
Poemes i cançons
en la editorial 3 i 4, Llach conoció que el escritor atravesaba una situación económica precaria y decidió cederle los derechos de la obra. Con una condición: que no lo supiera. Así, relató Climent, cada cierto tiempo, Fuster le decía:
«Hi ha un fill de puta que m'ingressa 100.000 pessetes al meu compte corrent»
. Guardaron el secreto hasta después de su muerte.