Jessica F. Peña, Valencia Los accesos al circuito de Xest comenzaron a colapsarse a partir de las 18 horas. En ese momento, la cola era de 16 kilómetros en la A-3 en dirección a Madrid y las retenciones en Loriguilla hacían presagiar una larga espera hasta el inicio del concierto. La situación resultó bastante caótica, sobre todo conforme iban avanzando las horas puesto que el ritmo lento del tráfico, afectado por la lluvia, se hizo notar incluso en la salida de Valencia por la Avenida del Cid, incluso antes del término de Xirivella.
Y eso fue así a pesar de que parte de las 85.000 personas que ayer asistieron al histórico concierto de Héroes del Silencio empezaron a desplazarse hasta el circuito a partir de las 16 horas.
A algunos seguidores les costó entre dos y tres horas llegar a Xest; aunque a las 19 horas el setenta por ciento del aforo ya estaba ocupado, y la gente esperando ansiosamente el inicio del show prometido.
Los autobuses lanzadera desde Valencia y los servicios de tren transportaron a cientos de fans hasta sus ídolos. Pero no fue suficiente para evitar el denso tráfico. Kilómetros de cuneta sirvieron de aparcamiento improvisado y la sensación era de que había acudido más gente de la esperada.
Todo en los alrededores del Ricardo Tormo olía y sonaba a Enrique Búnbury y su banda, a pesar de la lluvia que cayó por la tarde que empañó inicialmente el ánimo de los incondicionales.
Además, las conexiones a través de los teléfonos móviles se hicieron casi imposibles dada la cantidad de gente que se congregó para el último concierto del grupo, el más multitudinario de toda España y el más masivo que se ha celebrado nunca en Valencia. Finalmente, el concierto se celebró sin incidencias destacable y con la emoción a flor del piel.