Ricardo Rodríguez, Valencia
El sol mediterráneo, el principal aliado de la pintura de Sorolla, no quiso faltar ayer a la primera jornada de encuentro del público con los murales de la Hispanic Society, en la que miles de personas visitaron la exposición instalada en el Centro Cultural Bancaja, convertida ya en el acontecimiento cultural del año en Valencia. Un primer día casi exclusivamente valenciano, con pocos visitantes foráneos, por la cercanía y por la expectación generada entre el público.
La profunda conexión, casi telúrica, entre el pintor y su tierra quedó demostrada desde las primeras horas. Todo tipo de públicos asistieron a la llamada de Sorolla, un artista capaz de concitar la atención de colegiales, jóvenes y ancianos, expertos en bellas artes y visitantes de a pie. La frase más comentada entre ellos, la pronunciada por Letizia Ortiz pocas horas antes, lamentando que los sorollas no pudieran quedarse para siempre en España. Muchas adhesiones, pese a lo imposible de la propuesta, de momento. «Sería muy bonito poder tener estas obras de arte para siempre entre nosotros», aseguraba Sonia, una universitaria que no dudó en acudir a la exposición el primer día, pese a no tener entrada reservada, y que también reconocía lo difícil de la iniciativa: «Está claro que no será posible, pero una obra así, tan española, debería poder exhibirse en España, que es el país que retrata». Amenizando la espera, distendidos corrillos debatían sobre ello, con opiniones para todos los gustos. Algunas, muy radicales, como la de Concha, jubilada y partidaria del regreso definitivo de la obra, no sólo a España, sino a Valencia: «Sorolla era valenciano, y sus obras deberían estar para siempre aquí. Y no sólo éstas, sino todas las demás también, las que hay en Madrid». Frente a ella, opiniones más realistas en un debate de largo alcance, personas que reconocen la frontera entre los deseos y la realidad. Uno de ellos, Paco, también jubilado: «Estos cuadros se pintaron para un lugar determinado y se pagó por ellos. Lo lógico es que sigan allí, aunque sin duda sería bonito tenerlos aquí siempre, y tener un museo dedicado a Sorolla en Valencia, pero parece poco probable».
Él, como muchos de los presentes, valora el aquí y el ahora. Muchos de ellos incluso reconocían haber visitado la exposición ya dos veces: una primera, en la larga noche inaugural, y otra apenas unas horas después. Cualquier cosa con tal de empaparse de un acontecimiento único. «Es algo que nunca se había visto antes aquí y que probablemente nunca se volverá a ver. No es cuestión de desprovecharlo, porque es un paseo magistral por España», aseguraba Elisa, administrativa que no dudó en «escaparse» unas horas para buscar una de las entradas que cada día quedan a disposición del público.
Bancaja ha dispuesto un máximo de 3.000 visitantes diarios, de los cuales la mayoría acuden en grupo o mediante cita previa. Para el resto, siempre existe la posibilidad de esperar su turno y en aproximadamente una hora, poder acceder al recinto. Una fórmula destinada a contar cada día con más adeptos, al haberse agotado algunas de las vías alternativas, y una posibilidad inmejorable de recorrer España de la mano de la maestra mirada de Sorolla.