Alfredo Brotons Muñoz
Reconozcámoslo: hasta hace bien poco, la fama de los músicos valencianos se sostenía sobre bases principalmente cuantitativas. Reconózcasenos: muchos de nuestros músicos son muy buenos. En el terreno de la música antigua y barroca en general y en la recuperación del repertorio autóctono en particular, desde que hace ocho años la fundara Rodrigo Madrid, la Capella Saetabis se ha abierto un hueco considerable.
Además del dedicado por el maestro Madrid a la obra para tecla de Manuel Narro Campos, el grupo tiene grabados discos centrados en músicas rescatadas en Xàtiva y Castelló. Con un programa procedente de templos alicantinos y Et in carne mea como título, el programa del último salido a la venta procede de templos alicantinos: el mismo origen que el de este concierto.
No se crea por ello que se trató de la típica actuación promocional. De hecho, sobran dedos en una mano para contar las piezas compartidas. Como prueba de la capacidad de investigación y preparación que distingue a estos músicos, el dato resulta bastante elocuente sin necesidad de glosa.
Excelente calidad
La primera parte ofreció el ordinario de una misa de Vicente Rodríguez (1690-1760), con interpolaciones de compositores más o menos contemporáneos. En la más atractiva de éstas, el motete Domine Jesu Christi, de Martínez de Lillo, Cristina Faus estuvo aún mejor por calidad y dominio de sus medios que en el precioso dúo que formó con la joven y prometedora Susana Puig en el Et incarnatus.
También lució clase y seguridad Pilar Moral en el Dixit Dominus de Pascual Fuentes. El conjunto de solistas, donde Antonio Gómez y Amadeo Lloris cumplieron con eficacia sus más breves cometidos, sacó mucho partido tanto de la Salve de Pedro Vidal como del Anima Christi de Manuel Comeres y el Lauda Sión de Agustín Iranzo.
De excelente cabe calificar asimismo el rendimiento de los once chicos y trece chicas que formaron en el grupo vocal y de un acompañamiento instrumental en cuya sección de vientos formaban un cornetto, una chirimía, dos sacabuches y un bajón: unos timbres con los que el reencuentro siempre es grato cuando, como en esta ocasión, se saben dotar de esmalte brillante. Máxime si se sigue una guía seria, precisa y matizada: la de Rodrigo Madrid, por ejemplo.
Como regalo se ofreció un anticipo del próximo disco, de inminente aparición y centrado en la iglesia del Corpus Christi de Valencia. Es que no paran.