Ricardo Rodríguez, Valencia
Su comisario, Simon Groom, reconocía ayer que "ofrecer una panorámica completa de todo lo que se hace en China es imposible", pero que The real thing supone "un acercamiento sin precedentes fuera del país asiático para dar a conocer algunas de sus propuestas más sugerentes, principalmente protagonizadas por artistas jóvenes". Se trata de 18 creadores que utilizan las más variadas técnicas, desde la instalación al videoarte, desde la pintura a la fotografía, y que tienen una misión: "Desterrar los tópicos que existen sobre lo que supone el arte chino, la idea preconcebida que tenemos de él".
Pocos países ejemplifican como China los cambios que sufre el mundo actual. El fulgurante crecimiento económico de la nación más poblada del mundo también ha influido en el arte. Según Christoph Grunenberg, director de la Tate Liverpool, "esta exposición muestra esos cambios de manera ambiciosa y excitante, y con una gran calidad". Groom coincide a la hora de calibrar la creatividad de los nuevos artistas chinos, y cómo afrontan los constantes retos, en un país en el que libertad y censura aún conviven: "La censura que existe actualmente en China tiene más que ver con un aspecto económico que con uno político. Es similar a otros países. Si no vendes, no vales. Sin embargo, no hemos querido que esos criterios sean los que orienten esta muestra".
Tampoco se trata de una exposición política, aunque no se eludan asuntos escabrosos, como la relación entre China y Tibet, ampliamente reflejada en algunas de las obras. Sin embargo, sí existe cierta actitud, en opinión de Groom: "Si consideramos política como reivindicación, no estamos ante una muestra política, pero si la vemos como una implicación ante el mundo que nos rodea, no cabe duda de que hay elementos políticos en esta exposición, porque supone el reflejo de un compromiso con la vida" en un país en el que "faltan infraestructuras y recursos culturales, y en el que las autoridades aún muestran poco interés por el arte contemporáneo".
Auge y provocación
Pese a ello, la creación artística vive un momento sin precedentes, con creadores que "ya no emigran, sino que se quedan en su tierra para desarrollar su arte" y con propuestas vanguardistas y rompedoras. De las que se exhiben en el IVAM, sin duda la titulada 8.848 menos 1.86 es la más provocativa. La instalación del joven Xu Zhen (1977) convierte al mismísimo Everest en objeto artístico, y traslada una porción de su cima, "arrancada" por el artista, frente a los ojos del espectador. Tampoco pasan inadvertidas las propuestas de Zhuang Hui, que ha transportado toda una planta industrial al museo o los 800 metros de Yang Shaobin, que reflejan la dura vida de los mineros chinos.
Industria, minería, ejército... Elementos fundamentales para comprender la actual China, visibles hasta el próximo 27 de abril en el IVAM.