CASTELLÓ|ENRIQUE BALLESTER
El CD Castellón rascó un punto ante el Córdoba CF en un partido para olvidar, con un primer tiempo malo y un segundo infame por parte de los albinegros, quienes se encomendaron a la virtud de su guardameta y a la providencia divina para no terminar perdiendo un encuentro siempre espeso, que pareció, sólo pareció, desatascado con el uno a cero, que significó el final de la larga sequía goleadora de Leonardo Ulloa.
Nada más lejos de la realidad, al menos para los locales. Con el tanto del argentino como punto de inflexión, los de Abel Resino ni amurallaron su área ni buscaron el segundo con entusiasmo, como si la contienda anduviera finiquitada y en la duda, en el voy o vengo, apareció una notable versión del Córdoba, mejorado por la entrada al descanso de Katxorro en el medio, que se comió al doble pivote albinegro, al bullicioso Mantecón, al sigiloso López Garai, de tal manera que el punto obtenido terminó aceptándose con resignación, como una especie de mal menor inevitable.
El partido fue una gran resaca matutina y colectiva, de la que sólo se salvó Carlos Sánchez, una vez más inmenso bajo el arco. La defensa se desquebrajó en un segundo acto indigno, siempre a contrapié, con el paso cambiado, como sorprendidos de que el rival quisiera ganar los tres puntos, con mención especial para un Pedro Hernández que suplica banquillo de una vez por todas.
En el primer tiempo, con todo, hubo momentos plagados de buenas intenciones, circulaciones pacientes que encontraban a Arana en el costado, a veces a Perico en el contrario, que se fueron casi siempre, pero pifiaron el centro también a menudo.
A Mario, por su parte, se le recuerda porque le sacaron una amarilla, y porque tiró una pared con Perico en la jugada del primer gol. Perico se asoció después con Mantecón, otra pared deliciosa, y luego picó con infinita clase a la ruptura del medio, que amortiguó la pelota hacia el punto de penalti, donde entró Ulloa solo, silbando y sin oposición, con el cuero hasta la portería.
Fue un gol extraño, porque no lo merecía el resto de la actuación de los chicos. Una flor en una ferretería. Un suspiro de ligereza entre la pesadez. Algo así. Lo cierto es que la inercia del juego, la voluntad de tener la pelota, acercaba a los locales al área contraria y, en esa zona, acumulando talento, un chispazo podía generar, y así fue, el desequilibrio a favor. En esta ocasión fue Perico, al que después se le apagaron las luces, como a todos los demás, incluso a un ansioso Arana, y terminó sustituido por Uranga.
Mantecón, otro protagonista en la jugada, mostró su principal habilidad, no es conductor del juego, ni tiene capacidad para dominar la medular con jerarquía, pero llega al área con intuición desde segunda línea. Habrá que preguntarse si eso es suficiente, o si el equipo necesita algo más para sentirse seguro en el medio.
Y Ulloa, que sólo tuvo que seguir la jugada y no tropezarse para marcar, no despejó ninguna duda, pese al gol redentor. Su aportación terminó ahí, cuando se esperaba su liberación, se derrumbó con estrépito. prácticamente no volvió a tocar la pelota.
Un gol, merecido o no, era un tesoro valioso en un partido así, pero el equipo se dejó empatar a las primeras de cambio, desidioso, gol de Assen tras una memorable arrancada de Javi Flores, que destrozó a un Mora desplazado en banda, y encontró el espacio para ceder el premio a su compañero.
De sustito en sustito, el equipo se bloqueó de manera alarmante, y a Abel Resino le entró el susto tremendo. No había funcionado el revulsivo ofensivo, poco Nsue, menos Tabares, y al sustituir a Perico por Uranga, pidió clemencia al Córdoba, unas tablas de conveniencia.
En realidad, el equipo, aparentemente formado en un inicio, en lugar de resolver los problemas los acentúa, y añade debates y quebraderos de cabeza a medida que avanza en el campeonato. Cada cita en el estadio es un poquito menos brillante, más inquietante que la anterior, y cuando el ingenio de los desequilibrantes no aparece, afloran hasta el sonrojo las carencias del colectivo. La involución demanda una solución, un plan que seguir con determinación, el que sea, pero definido, sin lugar a ambigüedades.
Los visitantes, de menos a más, dominadores totales al final, comandados por Katxorro, punzantes con Javi Flores encontrando un filón a la espalda de Pedro, acumularon ocasiones y se toparon, una y otra vez, con Carlos Sánchez, magnífico. Y cuando no alcanzó Carlos, porque era imposible, apareció el travesaño para evitar el golazo de Katxorro y otorgar un punto mediocre a un Castellón en la encrucijada, medio equipo buscó la victoria, la otra mitad evitar la derrota.