J. M. Bort, Valencia
El Valencia confirmó ayer en Sevilla la excelente progresión que lo ha convertido, en cuestión de semanas, en el equipo temible del comienzo de Liga. Ya son cinco sus victorias consecutivas, la última fabricada en el Ruiz de Lopera con la receta que tan bien le funcionó en aquel brillante comienzo de Liga: orden defensivo y una exquisita pegada, otra vez encarnada en la figura de Villa. Como en los buenos tiempos, no hizo falta grandes esfuerzos. Sólo saber estar en el sitio y leer el partido con frialdad, las grandes virtudes sobre las que se sustentan los grandes equipos. De nuevo al galope, el tercer puesto se ha puesto a tiro de piedra. Hasta el Barça, que visita el sábado Mestalla, tiene motivos para preocuparse. Le espera un torbellino.
Que el Valencia llegara más exultante que su rival al partido no se reflejó, en los primeros minutos, en quien debía asumir la iniciativa del juego. Echando un vistazo a la alineación que presentó Emery, fue lógico ver a su equipo buscando un rato su papel en el partido. La decisión del técnico de reservar a Albelda y a Baraja dio protagonismo a Edu, que se situó de lanza en el medio campo, mientras Marchena volvía a su versión de mediocentro, donde pronto dejó constancia de su jerarquía. "Por aquí no pasa nadie", debió advertir el capitán a los punteros béticos. Sólo Rivera, el pelotero que tanto divirtió a la afición del Levante UD con su fútbol-arte hace unos años, encontró un hueco al filo del descanso. Pero Riverita, sólo ante César, se asustó.
La ocasión de Rivera fue lo más destacable del Betis en la primera parte, marcada por el dominio infructuoso del Valencia, mucho más preocupado que su rival en darle movimiento a la pelota. Sujetados Pablo y Mata en las bandas, el grupo de Emery trazó una raya en vertical en el medio campo, siempre en busca de la salida supersónica de Villa o de algún impulso de Silva. Todos los pases de Edu encontraron la pierna de algún defensa bético. El otro camino hacia la portería de Ricardo fue el disparo lejano que tanto fomenta Emery en Paterna. Villa, Mata y Pablo probaron suerte.
El Betis, frenado en la línea de contención, sólo dio algún susto al final del primer tiempo. Al de Rivera se unió un remate de Marc González que salvó César. De Oliveira no hubo noticias ante una defensa que practicó el orden. Hasta Del Horno, reaparecido tras muchos partidos, dio sensación de solidez.
El partido pedía más emociones en la segunda parte y no tardaron en llegar. Primero con la salida de Joaquín, recibido con calor en la grada y con una fea patada de Oliveira en su primera acción. Ocurría justo en el momento en el que el Valencia asumía sus galones, abriendo y cerrando el campo a su antojo. Llegó entonces el gol de Villa, a pase de Mata, con un remate de espuela que dejó descompuesto al portero Ricardo. Desbocado el Betis, Villa definió minutos después un pase de Edu, quien por fin había encontrado camino libre hacia el que fue ayer su punto de referencia. Pese a que Marchena puso en práctica su particular pillería para ganar tiempo, el Valencia sólo cedió en el último instante, cuando Oliveira encontró metros para correr hacia César y marcar. Pese a un último susto, el Valencia aguantó con fe su ventaja. Hoy tiene otro perfil. Ha recuperado su viejo ideario.