VALENCIA|M. DOMÍNGUEZ
La Volta a Peu a Valencia es como una gran orgía del deporte. A lo largo del año, en la ciudad de Valencia se organiza una docena de pruebas altamente populares y que ya están convocando a más de tres mil personas, que es una auténtica barbaridad. Sin embargo, llega la Volta a Peu, que es más larga (ocho kilómetros contra los cinco o cinco y medio de las otras) y se desata la locura. Pero locura, de todo tipo.
La idea de "cuarenta mil atletas se dan cita en la Volta a Peu" es, se mire por donde se mire, exagerada. Eso es como una boda, cuando se reparten las invitaciones. Aceptando las cuarenta mil inscripciones, está claro que hay varios miles que no se levantan para participar. Y de los que sí que se visten, hay que cribar los miles que hacen trampa, que se apostan en los últimos metros (en función a su verguenza deportiva, entre cien y mil metros) con el objetivo perverso de cumplir con una escasa parte del recorrido y extender la mano para alcanzar la ansiada camiseta (por cierto, este año con un lema más que ingenioso: "El próximo año la gano yo") y la bebida isotónica. O los que escamotean en los dos primeros kilómetros, incorporándose cuando la prueba ya ha empezado. Tienen mucho más mérito, sin duda, aquellos que, aunque sea andando, se dignan a completar el recorrido. O, en todo caso, tiene justificación aquellos que hacen correr a menores un tramo que, para edades tiernas, es un esfuerzo comparable a los ocho mil metros. No es de extrañar que para el "runner" habitual no sea la prueba que espera con más ilusión. Se pierde mucho tiempo en la salida, hay mucho novato que no entiende las normas básicas de la carrera a pie...
Pero, aún con todos esos peros, la Volta a Peu brinda, año tras año, una imagen única: la alfombra de hombres y mujeres que llenan la Alameda en el momento de la salida de la prueba.
40.000 ó 30.000, un montón
Algunos de los expertos cifraban en bastantes menos de 30.000 los que tomaron hicieron el recorrido completo. Y que siempre es así. Y no puede dejar de ser un éxito la prueba que organiza Correcaminos y que auspicia el Ayuntamiento y Bancaixa a costa de colapsar el centro de la ciudad durante un par de horas. Se dice que es una carrera que a muchos les sirve de bautismo atlético y que sirve para crear la adicción que tienen tanto y tantos.
En la competición, la de los atletas más "de verdad" de todos, la victoria volvió a ser para Abderraman Chmaiti. Ya ganó esta prueba en 1998 y con la de ayer son cinco sus victorias. Sacó a relucir la clase que le lleva a ganar numerosas carreras a lo largo del año para imponerse por delante de Hassane Ahouchar, de quien se desembarazó en la segunda mitad de la prueba. Por detrás, un grupo de atletas bastante selecto.
En categoría femenina era demasiada la diferencia entre Patricia Montalvo y el resto de competidoras, por lo que la colombiana venció con casi un minuto y medio de ventaja sobre Esther Balaguer.