AGENCIAS LOGROÑO
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Marcos Eguizábal, fallecido ayer a los 90 años, será recordado por los aficionados al fútbol como la persona que logró situar Logroño en el mapa de la elite del deporte rey durante casi una década. Eguizábal fue un empresario que siempre apoyó al deporte, desde el ciclismo al golf o al remo. En 1987, el Logroñés se acercaba a la Primera División con más ilusión que dinero y sus dirigentes llamaron a la puerta de uno de los principales bodegueros españoles, aunque entonces él realmente era un personaje público en el sur de España, en Almería y Jerez.
Marcos Eguizábal respondió, ayudó primero, y en 1988, cuando el club tuvo que convertirse en Sociedad Anónima, pasó a ser el propietario del Club Deportivo Logroñés.
Su presencia coincidió con la época dorada del fútbol en La Rioja, gracias, en parte, a que aplicó la gestión empresarial a un club modesto, que pasó a estar integrado en el grupo empresarial de Eguizábal e incluso, a tener sus oficinas dentro de bodegas Franco Españolas.
La gestión empresarial llevada al fútbol, algo poco habitual por entonces, permitió fichajes de figuras internacionales, como los del argentino Oscar Ruggeri, los uruguayos Antonio Alzamendi o Rubén Sosa, el austríaco Anton Polster o el ruso Oleg Salenko, quien tras jugar en Logroño, fue máximo goleador de un mundial.
Fichajes... ¿para vender vino?
Las leyendas -verdad o no- en torno a Eguizábal y el mundo del fútbol son numerosas y muchas de ellas relacionan esos fichajes con representaciones o venta de vino en diferentes países.
Pero no sólo trajo a su Logroñés a buenos extranjeros, sino que en su mejor época contó con internacionales españoles como Quique Setién, Manolo Sarabia, Julen Lopetegui, e incluso tuvo tiempo de formar en su cantera a talentos como José Ignacio, Jorge López o Iván Campo. El equipo llegó a coquetear con la Copa de la UEFA en sus mejores momentos.
Lo peor que hizo Eguizábal debió ser su venta de las acciones del club, que fueron pasando de mano en mano, con gestiones cada vez más nefastas, que propiciaron varios descensos por deudas y la definitiva desaparición del club. La ciudad se desgajó con otras dos entidades (Recreación y Fundación Logroñés), todas desaparecidas de escena. La denominación la ha adoptado ahora el Unión Deportiva Logroñés, nuevo nombre del Club Deportivo Varea, de la barriada del mismo nombre, que consiguió el pasado verano el ascenso a Segunda B. Este nuevo club ha quedado en manos del dueño de la empresa Naturhouse.
Hermandad y fichajes con el Valencia CF
La relación de Marcos Eguizábal con el Valencia CF fue intensa. Ambos clubes ya se caían bien desde que ambos ascendieron conjuntamente en el año 1987. El hecho de que los riojanos ascendieran en Mestalla merced a una victoria por 0-1 (los valencianistas ya había asegurado previamente su regreso tras el año en el infierno) generó una corriente de simpatías entre ambas entidades, que se tradujo en la celebración de constantes actos de hermandad. A mediados de los noventa, Eguizábal convirtió al Logroñés en un vivero de jugadores para el Valencia, traspasando a Romero, Salenko, Poyatos o José Ignacio