VICENT CHILET VALENCIA
Sólo el agudo zumbido de los monoplazas alteró la tranquilidad vivida en la primera jornada de entrenamientos del Gran Premio de Europa. La experiencia del año pasado, con los nervios propios del estreno, ha servido para encarar de forma mucho más rodada y automática todos los detalles que conciernen a una carrera de Fórmula 1. Los organizadores ya saben a lo que se enfrentan, y poco a poco la aventura se transforma en rutina. Así lo reconocía el vicepresidente de Valmor Sports, Jorge Martínez Aspar: "La diferencia respecto a la organización de la primera edición es abismal", reconocía.
"El año pasado estábamos de los nervios, no dormíamos y fue muy duro. Pero este año las cosas las tenemos bastante bien y la gente va a ver una diferencia grandísima", afirmó Aspar, sin poder disimular su orgullo. En detalles como la señalización para llegar al circuito y la coordinación para cerrar las calles colindantes al recinto se ha mejorado mucho.
Por otro lado, la presencia de aficionados fue reducida. Valmor Sports no dará cifras hasta el domingo, pero la asistencia fue la previsible en una jornada de viernes, entre 25.000 y 30.000 espectadores. El interés deportivo era escaso, al ser un día laborable y al tratarse de entrenamientos libres (el único lance destacado fue el incidente que protagonizaron Alonso y Heidfeld en la curva de entrada a meta, antes de que el asturiano marcara la vuelta rápida). El sofocante calor que reina en Valencia también es un factor a tener en cuenta y que invitaría a un buen puñado de incondicionales a seguir las evoluciones de las sesiones libres desde el confort de la televisión, desde donde se vieron matices como la bolsa de un conocido supermercado pegada a la rueda de un Red Bull. Cabe recordar que este año se pueden adquirir localidades por jornadas separadas, por lo que la afluencia de la mayoría de aficionados se concentrará a partir de hoy, con las calificaciones oficiales y, el domingo, el momento cumbre de la carrera.
Será entonces cuando se pueda evaluar, con mayor fundamento, el éxito o el fracaso de un evento que ha pasado por delicados momentos a lo largo del año. La menor perspectiva de venta de entradas (con el inevitable descenso en el número de asientos disponibles) y los vaivenes producidos por las momentáneas presencias y ausencias de Michael Schumacher y Fernando Alonso, que han mantenido en vilo hasta el último instante a los aficionados.
La llegada de yates y megayates de momento también va a cuentagotas y se incrementará a partir del sábado. En total, se espera la llegada de más de 80 embarcaciones. Las fiestas más exclusivas tendrán lugar en la noche del sábado, la previa a la carrera. La embarcación más grande de las 80 que se esperan en la dársena ya ha atracado: el Indian Empress, del excéntrico magnate Vijay Mallya, propietario de Force India, así como de la multinacional de bebidas alcohólicas United Breweries, y de la línea aérea, Kingfisher. Su presencia, con sus 95 metros de eslora, se destaca tanto en el perfil del puerto como el edificio Veles e Vents. El yate, de tres pisos de altura, tiene un total de 16 camarotes, una tripulación permanente de 30 personas, así como un helipuerto, y obras de Picasso, Matisse y Turner. Mallya ha desembolsado 60.000 euros para alquilar el amarre.