JOSÉ ANTONIO DIEGO BERLÍN/EFE
IJesús Angel García Bragado, de profesión atleta y podólogo, sienta plaza de personaje singular dentro del atletismo español, una suerte de viejo cascarrabias que canta sus verdades al más pintado pero con quien es obligado contar siempre en las grandes ocasiones.
Los días anteriores a la competición ningún periodista le pide declaraciones. Es inútil intentarlo porque el madrileño tiene por costumbre hablar solo sobre el asfalto y, si acaso, después de cada prueba. Es entonces cuando saca su lengua a pasear y dispara contra jueces o dirigentes.
El año pasado, después de obtener el mejor resultado de un atleta español en los Juegos de Pekín (cuarto en 50 km) lanzó en caliente un recoplón al presidente de la Federación Española, José María Odriozola, a quien aconsejó que dejara de hacer quinielas con las medallas.
Ayer, su medalla sirve para aliviar un poco las penurias del medallero español y una actuación general que precisamente a Odriozola no está gustando nada.
Probó fortuna en política en las listas municipales del PP por Lérida pero no sacó el acta, aunque llegó a ejercer sustituyendo a un compañero de lista. Está separado de su mujer, la ex gimnasta Carmen Acedo, y constituye un ejemplo de fidelidad a un club, el modesto Canal de Isabel II madrileño, al que ha pertenecido casi siempre, incluso cuando residía en Lérida. Durante unos años estuvo en la disciplina del Valencia CF, que abandonó cuando la sección fue disuelta.
Su deseo de alcanzar el éxito olímpico le mantiene en forma pese a sus problemas de cadera que le obligaron a pasar por el quirófano después de los Juegos de Pekín, donde se quedó a las puertas tras una gran remontada.
El año próximo, en los campeonatos de Europa de Barcelona, García Bragado puede poner el broche a una vida deportiva insólita por su duración, brillante por sus resultados (18 años compitiendo) y singular por su carácter irreductible.
Ayer planteó la carrera de un modo muy inteligente. En un día nublado, más favorable para la durísima prueba, tiró de su experiencia para remontar hasta 12 plazas y subirse al tercer cajón . Su ataque final llegó a menos de tres kilómetros meta cuando superó al australiano Jared Tallent.
"Un amigo dice que estoy hecho de un acero que ya no se fabrica" aseguraba tras la carrera.