CRISTINA LAMAGRANDE VALENCIA
Como los niños cuando se van de excursión. Así debieron sentirse todos los aficionados que ayer se concentraban en las taquillas del circuito con mochilas repletas de todo tipo de bártulos. Unos entraban dentro del circuito y otros acampaban. Las latas de refrescos, el motivo de tan espontánea actuación.
Un "kit" de lo más completo y variopinto, digno de un auténtico "boy scout", para poder aguantar las casi dos horas más esperadas por los asistentes al Gran Premio de Europa. En primer lugar, el protector solar puesto hasta las orejas. Cámaras de fotos o prismáticos en segundo. Bocadillos y chucherías no podían faltar. Ni los tapones para proteger los oídos. Abanicos y gorras también se dejaron ver generosamente. Incluso mini ventiladores. Pero lo que no podía faltar bajo ningún concepto entre todos los enseres eran litros y litros de agua para refrescar el calor espantoso y el ambiente húmedo que estuvo presente en todo el Gran Premio.
Y es que tanta previsión de los aficionados no sirvió para nada. O al menos, no para mucho. La mitad de los objetos no estaban permitidos en el interior del Valencia Street Circuit. Muchos asistentes se lamentaban por tener que tirar decenas de latas que habían llevado al Gran Premio para poder combatir el calor. "Esto merecía al menos un aviso por parte de la organización, porque yo no tenía ni idea de que no se pudieran meter latas", refunfuñó el madrileño Alberto Másega.
Otros, sin embargo, decidieron poblar las pocas sombras que se encontraban en las entradas del circuito. Allí mismo, una concentración de acampadas espontáneas para consumir aquellos refrescos que no podían meter al interior del circuito. "Hemos gastado más de 30 euros en comida y bebidas, y no las vamos a tirar así porque sí" comentó Marcos Formosa, otro aficionado alicantino.
Controles, desde luego, no faltaron. Pero fue sin duda en los momentos antes al comienzo del evento cuando los aficionados se agolparon en las entradas del circuito. A los encargados de los controles les faltaban manos; o más bien, unos cuantos compañeros más. Mochilas, bolsos...todo había que enseñarlo para que permitiesen la entrada. Aunque unos más contentos que otros, al final, todos aceptaban sin problemas. No tanto, cuando denegaban la entrada de cámaras de vídeo o pancartas que, o bien abandonaban, o tenían que regresar a dejarlas en algún lugar.
Desde luego, como el año anterior, opiniones sobre la organización del evento las hay para todos los gustos. ¿Valmor atenderá las quejas de los forofos o las ignorará? Está claro que nunca llueve a gusto de todos, pero habrá que esperar al próximo Gran Premio de Europa de Fórmula 1 para comprobarlo.