MOISÉS DOMÍNGUEZ
Está en las Islas Baleares, sabedor que su tiempo en el Valencia CF ha pasado. El proyecto que empezó lleno de ilusión se le torció desde el primer momento y ahora, con la venta de sus acciones, ha pasado definitivamente la página.
Es usted uno de los grandes protagonistas de las últimas horas sin haber aparecido por ningún sitio. ¿Qué puede decirme de su papel en el trascendente momento que se ha vivido?
Que de lo que ha pasado últimamente soy, en gran medida, ajeno: yo vendí las acciones a Vicente Soriano el día 3 de julio y él lo hizo a su vez a Dalport el día 4.
¿Quiere decir que no sabía nada de Inversiones Dalport?
De verdad que no. Ese es un tema exclusivamente de Vicente Soriano.
La sensación que se transmite ahora mismo es que usted y Vicente Soriano firmaron un contrato de compraventa de las acciones y que, ahora mismo, usted tiene una «enganchada» monumental.
Vamos a ver. Yo firmé un contrato con Vicente Soriano que tengo garantizado. De hecho, en el momento de formalizarlo ya cobré una cantidad. Ahora mismo hay unos plazos para el cobro, el primero de ellos en octubre. Mientras no se produzca un impago en esa fecha, no puedo decir nada.
Se asegura que está avalado por los bienes personales de Vicente Soriano.
Los presentes y los futuros. Si no cobro, pues ya tomaremos las medidas necesarias. Pero, como digo, a día de hoy no se puede decir nada.
Con la que se ha liado, ¿no se arrepiente?
No. Quería vender las acciones y así lo he hecho.
¿Por qué no quiere opinar de Dalport?
Porque a quien vendí es a Vicente Soriano. La conducta de Dalport y lo que tenga con Vicente Soriano es algo que no me corresponde. Nunca hablé con ellos.
Ese contrato es de 85 millones. Las cuentas que se dicen por ahí hablan de que le sale más que a cuenta, pero usted asegura que no.
Yo llevo gastados en el Valencia CF, entre acciones e indemnizaciones, 96 millones de euros. Así que, cuando acabe de cobrar, el fútbol me habrá costado 11 millones de euros. Yo he costeado infinidad de indemnizaciones que el club no ha tenido que asumir. A lo que puede añadir que no he cobrado ni un duro del club. Yo he pagado hasta la última Coca Cola que he consumido. Más le voy a decir: cuando he ido a alguna reunión federativa a Madrid tenemos unas dietas. Esas se han ingresado siempre en Unicef.
¿Eso es una ruina?
Es uno más de los obstáculos que tenemos que vivir ahora en la profesión. Como lo puede ser comprar un solar por 10 millones y que ahora sólo valga 2, o tener casas que no se venden... está claro que son once millones. Pero a veces puedes tener más quebranto con un solar.
Más allá de aciertos y desaciertos, usted tiene que estar fastidiado: entró con el pie derecho y salíó con el izquierdo.
Entré con mucha ilusión. Y con un proyecto y unas expectativas que no se han cubierto, especialmente porque no me ha ayudado n ada la crisis mundial.
Se le ha recriminado que se dejaba llevar demasiado por quienes le calentaban la oreja. Que estaba demasiado rodeado de gente que le hacía la pelota.
Pensándolo ahora haría cosas de otra forma. Pero, mire, a lo hecho, pecho.
¿Le sabe mal que su nombre no aparezca ahora precisamente con letras de oro?
Todo lo hice de corazón. Espero que el tiempo pueda poner todo en su sitio, sea para bien o para mal. He recibido muchísimas críticas; es verdad, pero este cargo es casi públio y acepto todo.
¿Ha seguido los últimos acontecimientos?
No mucho, porque en Ibiza no recibo prensa valenciana. Pero más o menos. Y lo único que puedo decir es que hubo una asamblea en la que se aprobó la ampliación de capital y quiero recordar que contó con mi plena aprobación, que era necesaria para llevarla a cabo. A partir de ahí, todo cuanto hagan cuenta con mi apoyo.
¿Cuanto hace que no va al fútbol?
Desde que me lo prohibieron por prescripción médica. Desde marzo del año pasado.
¿Piensa volver?
Ya veremos. Algún día. No tendría ningún problema. Aunque ahora la verdad es que no me apetece. Fui invitado a la final de Copa, tenía un sitio en el palco, pero decliné asistir.