Al protagonista del muy recomendable "Fiebre en las gradas" -que no es otro que el propio autor, Nick Hornby-un enfebrecido hincha del Arsenal, le plantea su novia, al acabar la liga, una pregunta angustiosa: "¿Y qué vas a hacer en el verano?" "Esperar a la próxima", responde él tranquilamente.
Con la misma naturalidad, han transcurrido este par de meses durante los cuales, la oferta de fútbol-basura -el último recurso de los programadores televisivos para apuntalar los índices de audiencia- ha sido abundante, para que no se entumeciera el músculo, ni se oxigenara el cerebro, ni se deprimiera el espíritu.
Así que vuelve la Liga con toda la pasión que despierta, por delante, y todos los achaques que arrastra, por detrás. Sus responsables, la LFP y los propios dirigentes de los clubes, no se deciden a meter mano a los graves problemas que arrastran: deuda galopante, incapacidad para aumentar sus ingresos en la misma proporción que incrementan sus gastos... La situación se agrava año a año, con equipos al borde de la quiebra -y no miro a nadie- y otros sumidos en ella -y tampoco hace falta señalar-. Ante esta actitud tan pasiva de los dirigentes, el Gobierno parece decidido a intervenir y, en la futura Ley del Deporte Profesional, planea limitar el gasto de los clubes, de manera que el dinero destinado a pagar los sueldos no supere el 70% del presupuesto.
Paradójicamente, aquí, como sucede en todos los sitios, el dinero público sale al rescate del Valencia CF, una vez más más. Y, para no ser menos que Camps, Alarte hace todo lo que está en su mano, o sea, 'tabula rasa' con las burradas urbanísticas perpetradas en el pasado. Un sarcasmo.