AGENCIAS
La selección española obtuvo una victoria gris e imprescindible ante Gran Bretaña, por 84-76, sufriendo en los minutos finales. El 12-0 iniciar en el marcador acabaría siendo un espejismo porque pese a salir más concentrados y mantener la ventaja de forma uniforme durante buena parte del partido, éste fue monótono, aburrido, insulso, en el que no consiguió romper el marcador definitivamente. Al término del tercer cuarto el marcador era de 66-56, y a los tres minutos y medio de juego del último periodo un 66-68 tras un parcial de 0-12 que sembró de dudas al equipo español. Éste se amplió hasta un 17-2.
Gran Bretaña, que no es prácticamente nadie en el concierto mundial del baloncesto —están preparándose para hacer un papel lo más decoroso posible en los Juegos de Londres, dentro de dos años— se llegaron a poner con cuatro puntos de ventaja a falta de apenas cinco minutos (69-73). Lo nunca visto e inconcebible. A ellos les entraba todo y a España, absolutamente nada. Un providencial robo de Rudy y dos triples de Navarro y Gasol iniciaron una remontada que, pese a ser brillante, deja demasiadas dudas en una selección que, desde que Lituania le sacó los colores, ha perdido peligrosamente la identidad.