Alguien, sus asesores, su abogado Conejo, su ex amigo Soriano, por mucho que ahora hayan roto; Vicente Silla, que le profesaba fe ciega... Cualquiera debió advertir a Víctor Vicente Bravo, que aquí, el personal está ya muy escarmentado y no es fácil llevárselo al huerto, ni siquiera arreándole achuchones de 700 millones de euros. La afición del Valencia las ha visto ya de todos los colores y es difícil que la engatusen con milongas ni «bufes de pato».
Se equivoca Mr. Dalport —perdón: VVB— al enfocar sus pretensiones anexionistas únicamente desde el punto de vista económico. Aquí, este verano, en plena crisis, el personal, padres, madres, hijos y abuelos, se han rascado el bolsillo y han desembolsado 19 millones del ala, que se dice pronto, para evitar que su club se fuera a pique. Así que, monetariamente, VVB no tiene nada que hacer. Está perdido.
Tendrá que buscar otros frentes de ataque si quiere salir indemne del empastre en el que se ha metido. Aprobada la ampliación de capital, se ha quedado de accionista minoritario de una sociedad en la que no puede pintar nada.Y en deuda con quienes le tendieron un puente de plata.