El triunvirato formado por Manuel Llorente, presidente-gestor -que no dueño- del Valencia CF, Javier Gómez, Consejero delegado, y Fernando Gómez, vicepresidente deportivo, es más estable y ofrece una garantía de futuro y de gobernanza que no ofrecía la etapa recién clausurada de los presidentes Soler y Soriano ni la non nata de Dalport. Sin embargo, para este viaje no hacían falta tantas vueltas. Nos hemos ido a Pekín, para alcanzar Roma, o lo que es lo mismo, hemos ido de Llorente a Llorente y tiro porque me toca. Alguien quitó de en medio a Paco Roig para poner a Juan Soler, que empezó modosito y dejando que Jaime Ortí y Llorente siguieran dirigiendo el club. Luego quitó a ambos y se puso a gestionarlo directamente con el resultado de todos conocido. Sin poder ni acercarse a Mestalla, gobernando a distancia con gestores o presidentes interpuestos, acabó dándole el mando a su aparente mortal enemigo, Soriano, al que nunca (sigo ignorando por qué) apoyaron los verdaderos dueños del Valencia, el poder político de la Generalitat, o sea Camps, y el económico de Bancaja, o sea Olivas, o sea, el PP. Y así, maniobraron de nuevo, cerrándole todas las puertas, para buscar la opción Llorente, en la esperanza de que su experiencia permita salir del atolladero, en la que ellos mismos metieron al Valencia con Soler. Y me pregunto yo: ¿no hubiera sido más fácil leerle la cartilla a Soler para que fuera el dueño, pero no el gestor y hubieran permitido al tándem Ortí-Llorente seguir al mando? Seguramente nos abríamos ahorrado muchas broncas, muchos despidos, estadios a medio terminar, y, menos deuda, seguro.
Porque de la deuda es de lo que se trata y toda esta historia se supone que se ha montado para tratar de sacar al Valencia del agujero. Precisamente para atenuarla, se ha montado la ampliación de capital por 92 millones de euros, una fórmula que ya apuntó Villalonga en su brevísimo mandato y lo echaron a cajas destempladas. Esa ampliación se ha juntado con una cierta batalla por el poder entre el actual Consejo y Soriano/Dalport, que la ha contaminado. Había que neutralizar a estos, que no acudieron a la ampliación y perdieron su oportunidad aunque ello no garantizaba al actual Consejo la mayoría con sólo unos 19 millones de euros vendidos entre los buenos aficionados y los afines. Se necesitaba una operación que garantizara la estabilidad del club y del actual status de poder. Y ahí aparece la Fundación con la compra de acciones por valor de 73 millones, gracias a un préstamo de Bancaja que avala la Generalitat.
Que la Fundación compre 73 millones en acciones, no deja de ser una operación de autocartera, porque por mucho que nos digan que es una entidad diferencia, su vinculación es más que obvia. Realmente quien ha mandado siempre ha sido el club, y cuando no ha sido exactamente así no le han hecho ni caso. Desde el club se forzó la dimisión de la anterior presidenta, y se ha puesto a Társilo Piles, ex de UV y ahora en su esfera del PP. Como además, la Fundación no tiene posibles, ha comprado las acciones con el préstamo de Bancaja al que el club ya le debía 240 millones, de lo que puede desprenderse que la deuda ha aumentado a 313 millones. Me dirán que no los deberá el Valencia como tal, pero lo que no cambia es el prestamista que, por lo tanto, hoy manda más que ayer.
La pregunta del millón es: ¿Quién pagará el préstamo. ¿Nos creemos lo que cuenta Piles, de que la Fundación irá vendiendo acciones y con ello devolviendo el dinero?.Como también cuentan que se van a quedar con un tercio, más o menos, de las acciones para dar estabilidad al club, esas que queden ¿quién las pagará? ¿Los patronos? ¿Y quiénes son los patronos?. Pues, de momento, según consta, la mayoría están en función de su nombramiento institucional o del propio club. Es decir, nombrados el Ayuntamiento, la Diputación y la Generalitat u organismos derivados, de lo que se podrían desprender que, llegado el caso, serían éstas entidades las verdaderas dueñas del club. Pues, no pasa nada.
Ya digo que el triunvirato de mando actual es más fiable que lo que había o lo que podía venir. Pero que se diga y se sepa, que no nos venga con las milongas de los patrones o la democratización del club. Con esa operación, la línea de mando es muy clara y las grandes decisiones las tomará el mismo capitán del barco que tomó las erróneas anteriores (poner y quitar a Soler). Eso sí, desde una cubierta a muchos metros del nivel del agua, para no mojarse, salvo naufragio, porque la operación sería de alto riesgo financiero.