MOISÉS DOMÍNGUEZ VALENCIA
Pero una vez en el papel elude el monosílabo y se muestra abierto y dispuesto. De hecho, le gusta transmitir sus ideas «porque estamos en un país que, más o menos, sí que tiene una libertad total de prensa, cosa que no pasa en Rusia».
Permítame que le diga que le he visto en forma: a la primera que ha hablado, le ha dado un repaso a un periodista ruso.
Es que es importante usar cualquier oportunidad para poder decir que la prensa rusa no es libre. Por eso he tenido que decir que la televisión para la que trabaja ese chico es parcial y propagandística.
Usted es consecuente con lo que dice y no parece dispuesto a callarse.
Fíjese cómo serán las cosas que, incluso estando Karpov, no es posible organizar en Moscú un torneo como el que vamos a celebrar aquí en Valencia. ¿Sabe por qué?. Porque eso sería propaganda para Kasparov.
Quien pensara que este enfrentamiento iba a ser lo más parecido a un combate de boxeo, ya tienen claro que no. En el pesaje, los púgiles se dicen de todo y ustedes no han hecho más que piropearse.
Pero no piense que esto va a ser simplemente un espectáculo. Sería menospreciar lo que vamos a hacer. Por supuesto, va a tener un punto de lucha y de afán por ganar. Pero hay algo mucho más importante: que dos jugadores importantes en la historia de este deporte quieren hacer una contribución al ajedrez. Todos saben las diferencias que tuvimos en su momento, pero ahora podemos hacer muchas cosas por algo que amamos. El tiempo lima muchas cosas. Por eso también quise por todos los medios recordar ese momento en el que Karpov intentó visitarme cuando fui arrestado, ese momento en el que algunos que yo consideraba mis amigos desaparecieron o no dieron señales de vida.
Entre el cartel anunciador del torneo y la realidad hay una diferencia sustancial: el color negro del pelo ya no lo tiene...
Y tampoco la cantidad. ¡Mire! (agacha la cabeza para mostrar un incipiente vacío en la coronilla)
Y eso quiere decir que el tiempo ha pasado. Ahora, cuando usted se va a la cama, tiene la sensación de haber cumplido el papel que deseaba.
Sobre todo, me siento en armonía en el sentido de haber sabido compaginar y ser consecuente con mis ideales en el ajedrea y mis ideales políticos. Lo cual no quiere decir que no me haya equivocado. Una y muchas veces, dentro y fuera del tablero. Y no dudo en reconocerlo y confesarlo. Por ejemplo, cuando propicié el cisma con la federación internacional en el año 1993. Pero de muchas otras cosas me siento orgulloso.
Usted se encuentra en Valencia porque se celebra el cambio sustancial del juego, que se parió en Valencia: darle un recorrido y un poder del que no gozaba hasta entonces. ¿Usted ha ganado alguna vez una partida en la que le hayan, literalmente, birlado la dama?
Lo que he hecho muchas veces es sacrificarla considerando que podía ser algo prometedor. Recuerdo una partida en el mundial contra Karpov en 1990 que la perdí bien perdida... pero recuerdo que terminamos en tablas. Pero lo que me gusta mucho precisamente es que la reedición de nuestras partidas se haya hecho para reconocer ese cambio que se produjo en Valencia. Eso significa que existe un interés por las raíces de este deporte.
Todo sea por el tablero...
Eso siempre es importante. Recuerdo en España, por ejemplo, haber estado en Salamanca porque se conmemoraba el 500 aniversario del libro («Repetición de amores y arte de ajedrez con 150 juegos de partido, editado en 1497) y es encomiable que exista ese interés y ese afán por saber. Por eso, que Karpov y Kasparov se reúnan nuevamente en un tablero para una ocasión como es muy importante para los que aman el ajedrez.