ALBERTO SOLDADO
El Individual es el torneo que convierte el deporte en literatura; el juego en épica y los sueños en gozosa realidad. El Individual es mucho más que un campeonato; es desnudar el alma de sus protagonistas, mostrar la plenitud de su ser: su cuerpo, su alma, sus dudas, sus vacilaciones, sus cabileos, su felicidad o su tristeza, todo eso se muestra de una u otra forma cuando llega el Individual. El deportista necesita de todas las potencias del alma en estado de gracia para afrontar con éxito cualquier reto.
En cierta ocasión oí lamentarse a Rovellet de no haber podido disfrutar de prensa, de radio o de televisión. No pudo disfrutar de un Individual. Disfrutó de dos duelos mano a mano contra Eusebio al que derrotó sin contemplaciones en un desafío que se había pactado a tres partidas. En cierta ocasión un pelotari serio pero modesto como Ibáñez le ganó mano a mano a Juliet... Miren, son duelos que han pasado a la historia gracias al boca a boca. ¿Cómo no van a pasar a la historia la serie de triunfos de Genovés y no digamos aquella final gloriosa contra Álvaro? ¿Como no va a pasar a la historia la década hegemónica de Álvaro? Se pueden ganar torneos, campeonatos, incluso se pueden ganar Circuits; todo eso se puede ganar pero inmortalizarse, dejar las manos esculpidas en la fuente de la plaza de Genovés -cosa hermosa donde las haya- sólo está reservado para los elegidos. Y esta tarde, en Pelayo asistimos a una partida que puede cambiar la historia. Un pelotari que quiere superar sus propias hazañas y un pelotari que sueña con vivir la gloria. Historia.