J. M. BORT
El Valencia recibó ayer su tercer golpe en apenas una semana, esta vez a manos del Atlético de Madrid y en el descuento. Como si fuera un remake del partido ante el Sporting, Mestalla asistió a una desastrosa fase final del partido. Con ventaja en el marcador, el Valencia mostró entonces de nuevo sus miserias defensivas y su falta de ambición. Se desinfló con el cambio de Maduro por Banega, un relevo que en el manual de entrenador puede ser lógico pero que en la práctica resulta fatal, un síntoma quizá de que el Valencia es un equipo hoy descompensado.
El Valencia había recibido un bofetón nada más iniciarse el partido. Con el debate defensivo caliente en la grada, Agüero encontró un agujero enorme en el área tras servicio de Forlán para fusilar a Moyà. El gol del Atlético golpeaba directamente a su rival en su zona de flotación. Los continuos fallos de Alexis, muy nervioso, y la falta de consistencia en el medio campo, auguraban una noche negra en Mestalla, irritada por la vulnerabilidad de su equipo en la última semana. Agüero tuvo la ocasión perfecta para rematar al Valencia en otro regalo de Alexis, una jugada que marcó, indudablemente, un antes y un después en el primer tiempo.
Con toda su dinamita en el campo y la retaguardia en horas bajas, el Valencia necesita de Banega para rentabilizar su poderío atacante. Si el argentino da juego y facilita los movimientos de sus compañeros, el plan de Emery está muy avanzado. Ever respondió a la perfección a laas urgencias que planteó el partido, con la inestimable ayuda de Silva, que ayer reapareció en escena con una actuación notable. Esa fue una de las grandes diferencias en las dos partes de la pizarra: mientras Forlán y Agüero se encarban directamente a los dos centrales, Dealbert y Alexis, el Valencia se valía de Silva para mover a Mata y Pablo por las bandas y lanzar a Villa por el centro. Tic-tac y gol.
Con la máquina en marcha y la motivación que tanto postula Emery, el Valencia levantó la situación en un par de minutos. Primero con un sensacional gol de Pablo, que burló a su marcador con un «sombrero» tras un sensacional servicio de Banega. Luego fue Villa en una jugada de toda la vida: el Guaje se valió de un pase de Villa por el centro y, solo ante Roberto, marcó con la facilidad acostumbrada.