A. BARBETA VALENCIA
Que la grada es soberana y que cada aficionado lleva un entrenador dentro pluraliza aún más un partido de fútbol. Emery, tras el empate con el Atlético, aseguró que el Valencia había completado «un gran partido». Sin embargo, la opinión de los aficionados que se encontraban en el estadio difiere del juicio del técnico. Para gustos, colores. Eso sí, si el técnico enjuicia el encuentro con diplomacia y desde la globalidad, la grada lo hace desde la excitación y fraccionando los noventa minutos.
Reparto de culpas
Ni técnico ni jugadores fueron inmunes a las críticas. La grada despidió al equipo con pañuelos. ¿Por qué empató el Atlético en tiempo de descuento? Los aficionados señalaron a todo el equipo como culpable. El empate supo a derrota.
Se veía venir
Mestalla, en el ecuador del segundo tiempo, empezó a presagiar el gol del Atlético. El choque se asemejaba en exceso al del Sporting. Los cambios no fueron efectivos, el Valencia no supo cerrar el partido y permitió que el Atlético fuera ganando terreno. Era cuestión de acierto.
Disconformidad en los cambios
Por segunda semana consecutiva, la grada silbó los cambios de Emery. El técnico sentó a Banega, uno de los futbolistas más acertados de la noche, para dar entrada a Maduro y escuchó el reproche de los aficionados. El entrenador, en toda una concesión a las quejas recibidas durante la semana por su vocación ofensiva, colocó al holandés de centrocampista y la aportación de éste fue mínima. El Valencia no ganó defensivamente con la pareja Maduro-Marchena, sino que entregó el control del balón. El estadio regañó a Maduro sus intervenciones y el ceder en exceso el balón a Moyà. Se pitó el cambio de Joaquín por Mata pero un par de intervenciones del gaditano sirvieron para silenciar a los críticos. Y en tiempo de descuento, se reprobó al entrenador por no efectuar el tercer cambio y, por lo menos, arañar unos minutos al reloj, tiempo que podría haber impedido al Atlético empatar (Maxi anotó en el minuto 93).
Nombres propios
Si Villa exhibió su competitividad y ambición durante todo el partido y los aficionados se lo agradecieron coreando su nombre en un par de ocasiones, a otros como Alexis se les señaló negativamente. El central, despistado, perdió su posición en innumerables ocasiones y varios de sus compañeros le recriminaron airadamente su conducta. También Moyà fue objeto de murmullos. Más que a Cañizares, Moyà recuerda a Andrés Palop ya que acostumbra a repeler que no a bloquear el balón.
A ráfagas
El equipo no supo ser armónico, jugó a ráfagas y evidencio que está partido en dos. Y eso que la grada llevó en andas al grupo. La dicotomía entre el juego ofensivo y defensivo hizo que muchos aficionados aprovecharan para ensalzar el poderío ofensivo — «el mejor de la historia», se atrevían a valorar— y recordar la defensa de antaño con los Anglomá, Djukic, Pellegrino y Carboni.
Crítica al juego
Al defender, los laterales se unían a los centrales y dejaban mucho espacio a los atacantes del Atlético, y en cambio, al atacar tanto Mata como Pablo se metían muy hacia dentro y el campo no se abría. El sábado se jugó en la franja central del campo desperdiciando las bandas. ¿Consigna de Emery o decisión de los jugadores?
El jueves, vuelta a empezar.