Este es un país en el que se desprecia la historia y se desconoce hasta la geografía. Todavía encuentro individuos que me preguntan donde está Vila-real, a pesar de que hemos entrado en el mapa a patadas. En la prensa deportiva tampoco suele haber memoria histórica y se desvirtúan los antecedentes. Estos días se ha marginado la memoria de Pepe Mangriñán por desconocimiento general.
El marcaje a que fue sometido Xavi por el Almería ha servido para que en la figura de Chico se haya recordado los grandes marcajes, pero radios y televisiones, sin dar en la diana, han recurrido a mentar a entrenadores como Maguregui y Clemente como si ellos hubieran traído al mundo la imagen del secante.
Pepe Magriñán ascendió al Valencia desde aquél Mestalla maravilloso que subió a Primera y no pudo jugar en tal categoría porque se exigía tener campo propio. Mangriñan y su hermano, nacidos en la Vall d´Uixó, jugaron en el Mestalla y Pepe formó pareja con Antonio Puchades. Jugó en las temporadas 52/53 hasta la 56/57. El glorioso día de Mangriñán fue en el Santiago Bernabéu, temporada 54/55. Jacinto Quincoces, entrenador del equipo, decidió que jugar once contra once era perder el partido. Decidió que fuera diez contra diez y para ello era necesario que Alfredo di Stéfano, la gran estrella de la época, fuera figura decorativa.
Mangriñán se pegó a él y lo anuló. En la prensa de entonces nació el vocablo «mangriñanear», acción de secar al adversario. Di Stéfano siempre ha recordado con buen humor aquél partido infausto para él, y para su equipo, porque diez contra diez ganó el Valencia. «Llegué al cuarto de baño, me di la vuelta y allí estaba Mangriñán» me dijo una tarde en la que recordamos el peor partido de su vida. Venció el Valencia 1-2. Era más difícil anular a Di Stéfano que a Xavi y por ello se ponderó el mérito del valencianista.
La acción de mangriñanear se puso de moda y más de un entrenador lo intentó. Quien también logró parecido resultado fue Pepe Sastre, medio volante de Onda, quien pasó del Villarreal al Espanyol y posteriormente fue campeón de Copa de Ferias con el Valencia, pero entonces la palabra ya había sido inventada.
Ha sido una pena que «mangriñanear» cayera en desuso. De haber permanecido habría acabado en el diccionario de la Real Academia. Habría sido la segunda gran aportación del fútbol valenciano al lenguaje popular después de lo de «la moral del Alcoyano» Tener un hijo de penalti, tercera gran aportación lingüísticobalompédica, no es nuestro.