A. B. VALENCIA
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Miguel Brito se considera, ahora sí, un "tío con suerte". El accidente de su hija, que podía haber sido fatídico, se ha quedado en un "susto" y él ha comprobado lo "querido y respetado" que es entre sus compañeros, en el club, con los periodistas y con muchos aficionados que han estado a su lado en este "extraño momento". "Han sido los días más difíciles de mi vida. Sin duda, los peores", recordaba ayer con lágrimas en los ojos. "He comprobado lo que se sufre siendo padre y me he dado cuenta de todo lo que mis padres han sufrido por mi", sostenía. "No dejo de dar gracias a Dios porque el accidente podría haber sido peor. Durante los dos primeros no he dormido por la preocupación", afirmaba.
Rafaela, de siete años, sufre fracturas en los brazos y en una vértebra tras caerse por la ventana de un noveno piso a la terraza de un tercer piso -estaba jugando con su hermana, se resbaló y perdió el equilibrio de espaldas- y. Curiosamente, la niña cayó sobre una gran maceta con tierra pero sin plantas, lo que amortiguó el golpe. Rápidamente fue trasladada a un hospital donde permanece en observación ingresada en la UCI.
"La niña está estable y lo más importante es que se recupere", confesó visiblemente afectado. "La niña está bien y animada, y ayer -por el martes- ya hablaba bastante porque tenía menos dolor", desveló el jugador que el viernes al mediodía regresará a Lisboa para estar al lado de la niña.