Si, definitivamente, los partidos de la liga española comienzan a televisarse en directo para Asia, me temo que estamos perdidos. Y no por el cambio de horarios que comportarán estas transmisiones —uno tiene ya el cuerpo muy sufrido y se adapta a todo—. No es por eso. Es porque, a través de la televisión, al lado de la Premier League, la Liga de las Estrellas no tiene nada que hacer. El otro día (antes de que el Sevilla le diera un repaso al Madrid y el Almería se los pusiera al Barça por corbata) apuntaba John Carlin, con su agudeza habitual, que la abrumadora superioridad que muestran estos dos equipos sobre sus rivales convierten sus encuentros en aburridos,por la contundencia y rotundidad de los resultados que obtienen. Frente a este predominio, los trepidantes y abiertos choques que se ven en los campos ingleses son todo un divertimento. Esta diferencia provocaría una inclinación de la audiencia asiática hacía el fútbol británico, en detrimento del español. No deja de ser una hipótesis arriesgada, aunque tratándose de esa especie llamada telespectador, nunca se sabe cómo puede comportarse, así aquí como en la China.
Lo que sí tengo claro es que, para seguir el fútbol por televisión, la Premier es mucho mejor plato que la Liga, porque está mejor cocinado, envuelto y servido. Ver un partido producido por los ingleses es un placer. Contemplarlo a través de las cadenas españolas, todas, cualquiera de ellas, es un suplicio. Las repeticiones se dan a destiempo, la mayoría de las veces resultan absurdas, cortan el desarrollo del juego y sólo sirven para que los locutores radiofónicos sepan a qué atenerse a la hora de juzgar una jugada. Salvo gloriosas excepciones, a los realizadores del fútbol no les gusta el fútbol y se dedican a hacer videoarte, en lugar de narrar el desarrollo de la historia que encierra cada encuentro, para mosqueo del espectador que se siente engañado porque le roban una buena parte del partido.
Así les va a las televisiones. Canal 9, sin ir más lejos, ha ido depreciando el producto y las millonarias audiencias que alcanzó hace 20 años son ahora ridículas, en detrimento de La Sexta, que le come el terreno. Y no digamos nada de las previas y los postpartidos: un fracaso. El personal huye despavorido.